Columnistas

Revoluci髇 del pensamiento
Autor: Omaira Mart韓ez Cardona
11 de Marzo de 2013


La palabra subvertir al igual que otras como revoluci髇 y transformaci髇 hay que interpretarlas, conjugarlas y practicarlas con mucha cautela y con mayor raz髇 cuando de 醡bitos pol韙icos se trata.


La palabra subvertir al igual que otras como revolución y transformación hay que interpretarlas, conjugarlas y practicarlas con mucha cautela y con mayor razón cuando de ámbitos políticos se trata. El liderazgo que debe caracterizar a un gobernante para orientar los destinos de un país no es muy distinto al que debe tener el directivo de cualquier tipo de organización en estos tiempos. 


Pocos tienen el carisma y la capacidad de liderar grandes procesos de transformación social porque la habilidad no se aprende, se pule tal vez, pero se nace con ella y en el transcurrir de la vida se van dando las condiciones para desarrollarla integralmente; incluso la gran mayoría de personas mueren sin haber logrado liderar su propio proyecto de vida. Independiente de cuál sea la ideología, la orientación o los intereses que motivan sus acciones, el líder que requiere el mundo actual y los sistemas políticos y administrativos contemporáneos, debe tener la capacidad de subvertirse, rebelarse, confrontar con argumentos, propiciar revoluciones y transformaciones que instauren nuevas reflexiones, estilos  y maneras de pensar, sentir, ser y hacer. 


A propósito de la muerte del presidente venezolano, en uno de sus tantos testimonios provocadores y subidos de tono dijo que cuando por fin tomó conciencia apenas comenzaba su vida militar, se subvirtió y decidió ser revolucionario hasta la muerte. No hay que temerle a la necesidad de subvertirse en el mejor sentido de las múltiples acepciones que tiene el término subversión, que en su definición más sencilla es transformar un sistema establecido. 


Las grandes revoluciones de la humanidad se han dado a partir de la subversión del pensamiento y el actuar de muchos líderes que lograron sentar precedentes y que para el momento histórico fueron tildados de insensatos y sin embargo,  lograron movilizar a pueblos enteros en torno a un propósito así no siempre haya sido el mejor. No se trata de comparar ni de juzgar quién es el mejor líder, ni tampoco de defender la revolución como la usan los diversos grupos ilegales como discurso populista y excusa para cometer todo tipo de actos violentos. La invitación es a asumir el liderazgo desde una revolución en el pensar para transformar el actuar y el vivir. La no violencia de Gandhi, la revolución contra la segregación racial en Sudáfrica, de Nelson Mandela y en Estados Unidos, de Martín Luther King, son ejemplos que evidencian que es  posible transformar modelos establecidos y que siempre hay una primera vez para confrontarlos sin violencia. 


Subvertirse  es reflexionar, concientizarse y actuar frente a la realidad y a las crisis de valores, de inequidad, de insolidaridad y capacidad de convivencia en la que vivimos en el convulsionado y complejo mundo actual, pero primero hay que lograrlo a nivel interno, confrontarse sobre la responsabilidad que cada quien tiene como ciudadano del mundo. Quien es capaz de liderar su propia vida tendrá la capacidad para orientar a otros en el logro de un propósito. 


En su libro “Principios de la reconstrucción social”, el filósofo Bertrand Russell dijo que el hombre le teme a la libertad de pensamiento más que a muchas otras cosas incluyendo la muerte y por eso prefiere ser estúpido, amorfo y tiránico.