Columnistas

Despu閟 de Ch醰ez
Autor: Iv醤 Garz髇 Vallejo
8 de Marzo de 2013


Las c醔alas sobre el futuro de Venezuela es el gran tema de los analistas pol韙icos en estos d韆s. Del balance del gobierno de Hugo Ch醰ez y de su legado pol韙ico se ocupar醤 los historiadores.


Las cábalas sobre el futuro de Venezuela es el gran tema de los analistas políticos en estos días. Del balance del gobierno de Hugo Chávez y de su legado político se ocuparán los historiadores. Por ahora, limitémonos a ensayar algunos posibles escenarios políticos, teniendo en cuenta la compleja situación social, política y económica en la que queda el vecino país después de haber sido el laboratorio del socialismo del siglo XXI durante 14 años. 


Aunque sea casi un lugar común decirlo, el chavismo se mantendrá en el poder si evita dividirse. Cuando escribo esto es una incógnita si Diosdado Cabello va aceptar con resignación el lugar secundario que le fue asignado, en contra de lo que señala la Constitución, esto es, que él debía ser el Presidente en el período de interinidad. También es casi un lugar común advertir que Maduro no tiene el carisma de Chávez, y por eso, no es seguro que tenga la misma capacidad para mantener unidas las filas chavistas. Por un buen tiempo éstos apelarán a mantenerse unidos en torno a un mito de tintes religiosos, y convertirán al Presidente bolivariano una suerte de “Che Guevara” en lo que a simbología y romanticismo del socialismo se refiere. 


Aunque en los últimos 14 años la oposición nunca había tenido un escenario tan propicio para volver al poder, es incierto que las mayorías ciudadanas vayan a dar un giro, y sean capaces de dejar atrás el cómodo modelo bolivariano de subsidios y burocracia estatal. A los signos de división se suma la dificultad de estructurar un discurso alternativo cuando aún los sentimientos por la muerte del Teniente Coronel están a flor de piel. 


La moderación y no ceder ante las provocaciones le traerá mejores resultados a Capriles y los suyos. Un discurso pugnaz sería contraproducente, no solo porque puede desatar formas de violencia de las Fuerzas Armadas y de las milicias bolivarianas, sino porque además generarán el efecto defensivo del chavismo en contra de un enemigo común. Las posibilidades de éxito de la oposición aumentarán si son capaces de mostrar que son una alternativa de poder sobre todo para recomponer la unidad social y enfrentar la crisis de la economía. Si hubiera una transición, el modelo chavista de subsidios internos y externos tendrá un desmonte paulatino para evitar una mayor polarización. Una cuestión de tacto, básicamente.


Más allá de la situación interna, el otro gran interrogante consiste en el papel que de ahora en adelante jugará Venezuela en la región. Con la billetera de los petrodólares bastante golpeada por la crisis interna el escenario para los países satélites del socialismo del siglo XXI no es muy halagüeño. No es seguro que Maduro, en caso de ganar las elecciones, mantendrá la misma pretensión de liderazgo continental de aquél. En este empeño el carisma no le juega a su favor, por supuesto. Pero aún si quisiera mantenerlo, la pregunta será hasta cuándo tendrá recursos suficientes para hacerlo. 


Adicionalmente, las presiones internas para que el próximo gobernante se ocupe más de resolver los problemas de la casa podrían jugar en contra de la expansión de la revolución bolivariana. El Alba y Unasur mantendrán una inercia socialista, aunque su hegemonía será compartida y emergerá la pretensión de Correa de asumir un mayor protagonismo. Lo que es indudable es que el escenario continental sin Chávez afianza el liderazgo de Brasil, y que su ausencia le quita un importante respaldo a la guerrilla de las Farc, quienes pierden a su mayor legitimador externo. 


En cualquier caso, lo único seguro es que el panorama venezolano de las próximas semanas va ser casi tan impredecible como actuaba el mismo Chávez.