Columnistas

Un juicio sobre el futuro de la agricultura
Autor: Jos E. Mosquera
7 de Marzo de 2013


Monsanto es un poderoso conglomerado agroindustrial con sede en Missouri, Estados Unidos, que se ha convertido en el mayor productor mundial de semillas, pesticidas y productos veterinarios.


Monsanto es un poderoso conglomerado agroindustrial con sede en Missouri, Estados Unidos,  que se ha convertido en el mayor productor mundial de semillas, pesticidas y productos veterinarios. Una preponderancia que ha adquirido a partir de la estrategia de comprar empresas afines como De Ruiter Seeds, Agracetus, Asgrow, Calgene, Holden Seeds, Dekalb y de Delta and Pine Land, entre otras. Además de adquisiciones accionarias en otras compañías biotecnológicas que le han permitido configurar uno de los monopolios más grandes de la industria de los transgénicos en el mundo.


Monsanto no sólo domina la agroindustria transgénica en Estados Unidos, sino que ha logrado una posición dominante en los mercados de Europa, Asia, América Latina y África. Es la misma compañía que desde el 2007 tiene en apuros en los tribunales de Estados Unidos a un pequeño granjero de Indiana por violación de su patente sobre la  soya Roundup Ready, al haber plantado durante nueve años semillas obtenidas de las sucesivas cosechas que logró de la primera semilla que compró a un proveedor local.


Monsanto alega que el granjero, Vernon Bowman, incurrió en el delito de infracción de patente cuando se benefició durante nueve años de mayores rendimientos sin pagar los derechos correspondientes. Sustenta que quebrantó las cláusulas de salvaguarda que las leyes norteamericanas obligan a firmar a los agricultores en los momentos que compran simillas donde se prohíbe a los agricultores reutilizar las semillas una vez que el cultivo se desarrolla.


Norma vigente desde 1999, cuando Monsanto decidió sustituir la famosa tecnología de las semillas transgénicas “terminator”, que hacía que las reproducciones fueran estériles. Lo controvertido del proceso es que los abogados de Bowman sostienen que los derechos de patente de Monsanto fueron agotados una vez su cliente compró las semillas y que el uso de semillas de la progenie es un uso previsto del producto. 


Inicialmente el tribunal federal de Indiana falló a favor de Monsanto y condenó a Bowman a pagar US 84.456 por el uso sin licencia de su tecnología y en segunda instancia la Corte Federal de Apelaciones en Washington confirmó la condena. Pero Bowman apeló y será la Corte Suprema de Estados Unidos que pondrá fin a este interesante litigio. 


Un juicio que ha causado revuelo internacional por las  implicaciones que tendrá en el futuro de la agricultura, en cuanto a la protección de las patentes y las innovaciones en la biotecnología agrícola, las reproducciones animales y la medicina, y, desde luego por la posición de actor dominante que tiene Monsanto en la producción mundial de alimentos. 


Ahora el juicio que enfrenta Bowman no es el primero ni el único que tiene Monsanto contra granjeros en Estados Unidos y otros países. Además de este  caso, se sabe que adelanta demandas contra un centenar de empresas agrícolas y de pequeños agricultores en Estados Unidos, Canadá, Francia, Brasil, Argentina, India y Paraguay, entre otros países.


El juicio de Bowman, aparentemente lejano, no lo es porque tiene repercusiones mundiales, en virtud de que en él no sólo se está dirimiendo la suerte económica y jurídica de Bowman, sino el futuro de la agricultura y la producción de alimento en el mundo y, sobre todo, en América Latina y África. Un acontecimiento ignorado en nuestro país, pero que amerita que los medios de comunicación se ocupen de un tema que va más allá del parroquialismo noticioso imperante.