Columnistas

Presidente, haga de bombero
Autor: Bernardo Trujillo Calle
2 de Marzo de 2013


El liberalismo fue con Alfonso López Pumarejo y su gobierno de ministros de moderada izquierda, un artífice de las reformas más audaces conocidas como “La Revolución en Marcha”.


El liberalismo fue con Alfonso López Pumarejo y su gobierno de ministros de moderada izquierda, un artífice de las reformas más audaces conocidas como “La Revolución en Marcha”. Los sindicatos fortalecieron sus legítimos intereses a la sombra de aquellas políticas y la protesta social contra las injusticias tuvieron cabal protección de las autoridades. En suma, el hombre visionario que fue el gran Presidente, marcó un derrotero que identificaría de allí en adelante a nuestro partido como el partido del pueblo. La tolerancia, la inclusión, la cercanía con esa clase popular ha sido bandera apenas turbada por posteriores gobiernos que se dejaron desviar del camino.


También ha sido el liberalismo un pregonero de la concordia y su vocación democrática no sólo es de Estatutos, sino de temperamento, de conducta ciudadana respetuosa de toda clase de derechos fundamentales y libertades, la huelga entre ellos. Esta es la razón por la cual, desde esta modesta columna, le decimos al señor Presidente Santos que no se deje desviar de principios tan antiguos como nuestros. No se derrumbe, no pierda los estribos, no permita que la agitación que se promueve desde la penumbra por los adversarios políticos disfrazados de reivindicadores de derechos que no se les han negado a los cafeteros, ni a otros grupos de trabajo o la producción, lo saquen a la arena de una contienda vulgar que trate de equipararlo con quienes ya están en ella, en una combinación inexplicable de extrema derecha e izquierda confundida con la guerrilla y otras fuerzas antisociales.


Pero, señor Presidente, cuántas veces hemos escuchado voces sensatas de personas que dicen con razón sobrada, cómo de un insignificante fogón, si se atiza, surgen los incendios más voraces. Las primeras llamas hay que apagarlas rápido, como lo haría un estadista que ve prender el fuego a su alrededor por la agitación irracional de al parecer irreprochables personajes que no lo son en verdad, lo cual no quiere decir que rescinda su autoridad en aras de satisfacer demandas injustas. Usted sabe que hay posiciones intermedias que atendidas a tiempo, traen soluciones satisfactorias. Lo digo porque el lunes por la noche, en un programa radial, el ministro de Agricultura estuvo a punto de ser arroyado por una dialéctica concertada de las extremas políticas. Salió airoso el ministro Salazar, pero vapuleado por la gritería imparable de uno de los panelistas.


Señor Presidente: en ejercicio de la autoridad política que usted ostenta por mandato de las urnas, tiene entre muchas la facultad de enderezar el presupuesto de la nación hacia los centros de conflicto. Sacrificios heroicos es necesario que se hagan por una sola razón que fuera: no hay palabras como imposible, no se puede, nunca. Con una frase elemental, casi banal, Belisario Betancur derrotó al candidato López Michelsen. A la irresoluta posición de un “no se puede”, de inmediato venía la respuesta de un “sí se puede”. Era la dialéctica de un hombre ilustrado y preparado para el desempeño del primer puesto de la nación, contra la astucia y desenvoltura de un antioqueño rebuscador, cañero.


¿Hay sí, o no, dinero para atender a los cafeteros en sus “injustas demandas” de que habla su gobierno?  A usted, doctor Santos, lo escuchamos en una serena intervención en la cual llegó hasta la minucia de los desembolsos repetidos que el Estado les ha entregado a los cafeteros. Las malas cosechas, la tasa de cambio, los precios internacionales, la competencia de países como Brasil, Vietnam, Costa Rica etc., que los han desalojado del mercado; la roya, la broca, el invierno, la vetustez de los sembrados, factores todos que se concitan contra la economía del grano.  Esto y mucho más es cierto, como también lo es que de los pedestales se han bajado los agraciados a dirigir o alentar camorras contra su gobierno, tengan o no razón, haya o no justicia. Tendría que vivir en Babia quien no supiera de qué lado están los agitadores y qué esperan ellos al final, además de unos miserables réditos políticos. No es esta la época de Fendenal y el Presidente Alberto Lleras.  Haga de bombero, señor Presidente.  Apague el twitter.