Editorial

Verdad y justicia para el ciclismo
25 de Febrero de 2013


Esta noche oscura del ciclismo nos ha permitido dar mayor valor a las gestas históricas de nuestros recordados “escarabajos” en las carreteras europeas, al saber que competían en inferioridad de condiciones.

 


Siete años después de que la Guardia Civil española diera inicio a las investigaciones de la llamada “Operación Puerto”, mediante la cual se desarticuló una red dedicada al dopaje presuntamente encabezada por el médico Eufemiano Fuentes, y a un mes del inicio del juicio oral que por este caso se lleva a cabo en el Juzgado 21 de lo penal en Madrid, el ciclismo atraviesa por la peor crisis de credibilidad de su historia debido a la ristra de acusaciones que se han hecho a lo largo de este tiempo y que han salpicado a corredores, entrenadores y médicos, generando la estampida de muchos de los grandes patrocinadores y el desmoronamiento de grandes ídolos.


Un golpe de gracia en este dilatado proceso lo constituyó la investigación que por su lado inició en junio de 2012 la Agencia Antidopaje de los Estados Unidos (Usada) en contra de Lance Armstrong, quien desde 2004 había sido señalado por tener nexos con el controvertido preparador y médico Michele Ferrari, la cual culminó con una sanción de por vida al exciclista norteamericano, el despojo de sus siete títulos del Tour de Francia y de la medalla de bronce de los Juegos Olímpicos de Sidney, así como una confesión de parte televisada el 17 de enero que abrió un debate mundial sobre el futuro del deporte de las bielas.


En desarrollo del juicio oral en Madrid, se han venido conociendo versiones cada vez más comprometedoras que dejan la impresión de que en la última década todo el ciclismo europeo ha sido permeado por prácticas tramposas consistentes fundamentalmente en el uso de sustancias prohibidas y transfusiones de sangre para mejorar el rendimiento deportivo, sin que se vislumbre luz al final del túnel, comoquiera que el complejo entramado por ahora solo apunta a los “clientes” del médico Fuentes, en su mayoría españoles.


Causa estupor que los avances en la medicina deportiva hayan sido utilizados para masificar estas prácticas fulleras en una disciplina que, para el caso de Colombia, es la segunda en fervor popular después del fútbol. Pero esta especie de catarsis a la que asistimos en vivo y en directo, es necesaria si los dirigentes y los deportistas quieren realmente rescatar del fango a una actividad que no solo arrastra pasiones sino que mueve millones de dólares en la confección de equipos y competencias año tras año.


Ahora que los implicados en la Operación Puerto y en el caso Armstrong han encendido lo que en Colombia llamaríamos el ventilador de las acusaciones, no solo la Unión Ciclista Internacional (UCI) sino todas las federaciones existentes y las agencias antidopaje del mundo, deben asegurarse de llegar hasta las últimas consecuencias para hallar, en primera instancia, a los determinadores de las malas prácticas quienes -según los testimonios- forzaron en muchos casos a los deportistas a usar las sustancias dopantes, y en segunda instancia, a los corredores que sacaron provecho de su engañosa superioridad.


No es otro el camino para depurar el deporte. No valen aquí amnistías ni leyes de punto final, pues a juzgar por lo que se ha conocido hasta ahora, no se trata solamente de un problema de “salud pública”, como en un principio lo quiso hacer ver el juez Antonio Serrano, quien llevó el caso de la Operación Puerto (y que ha impedido la sanción de muchos de los implicados), sino de un fraude deportivo detrás del cual podrían existir delitos como evasión de impuestos y lavado de dinero, según una investigación de la televisión alemana publicada en 2007.


Esta noche oscura nos ha permitido, eso sí, dar mayor valor a las gestas históricas de nuestros recordados “escarabajos” en las carreteras francesas, españolas e italianas, al saber que competían en inferioridad de condiciones que no se evidenciaban en la rutina del entrenamiento ni en las fortalezas físicas, sino en el aprovechamiento viciado de los recursos médicos. Proezas que recordamos al asistir al retorno de una representación criolla, la del equipo Colombia-Coldeportes, a las grandes pruebas del calendario europeo.


En EL MUNDO, donde hemos sido fervientes seguidores del ciclismo al punto de dedicar uno de nuestros mayores esfuerzos del año a la organización y realización del Clásico Nacional Infantil, que ha sido semillero de campeones de talla mundial, apoyamos las iniciativas del nuevo presidente de la Federación Colombiana de Ciclismo, Ramiro Valencia Cossio, para encontrar, si es del caso, posibles brotes del mal del doping en nuestro medio, adelantar los controles necesarios para recuperar la credibilidad herida y fomentar la práctica limpia de un deporte que le ha dado tanto lustre internacional a nuestro país.