Columnistas

Visión integral, maestría en el detalle
Autor: Olga Elena Mattei
25 de Febrero de 2013


El concierto de inauguración de esta temporada de nuestra Filarmónica comenzó con Háry János, la suite para orquesta de Zoltán Kodály.


El concierto de inauguración de esta temporada de nuestra Filarmónica comenzó con Háry János, la suite para orquesta de Zoltán Kodály. Es una lástima que esta simpática obra de Kodály no se interprete más a menudo ni en los teatros de los círculos internacionales, ni en la radio, ni menos en nuestro medio. Es una pieza comparable en importancia, originalidad, temática, variedad rítmica y riqueza instrumental, a las piezas humorísticas o a las programáticas de Moussourgsky, Stravinsky, Janacek, Strauss (Till Eulenspiegel), y otros. El talante de esta música es abiertamente jocoso; se burla de hechos, personajes y episodios de una ciudad que se divierte con sus costumbres y sucesos. Y el director, el maestro A. Posada, al escoger esta obra, muestra a su público su extensa versatilidad y su amplia cultura de Historia Musical. Está dándose el gusto de recorrer con largueza toda la gama estilística de los tesoros de su oficio, y está entregando a su comunidad su gran regalo educativo y cultural. Resulta una delicia entregarse a escuchar los ritmos húngaros y magiares, con la orquesta exaltada por los sonoros instrumentos incluidos en su percusión. Posada y nuestra orquesta alcanzan absoluta maestría en los enérgicos tuttis exuberantes de timbres y ritmos, sobre todo en el exultante clímax final. 


Siguió el Gran Danzón de Paquito D´Rivera, la escogencia perfecta para acompañar y hacer par a la obra anterior. Llena también de ritmo y color, con timbres casi estridentes pero fascinantes, que arrastran al escucha. León Giraldo, antioqueño, con una buena lista de premios, becas y estudios en París, fue el solista. Ejecutó su parte, (una compleja y larga partitura) de memoria, en su flauta de oro de 18 Quilates; su solo, (con el ronco zumbido de los contrabajos), fue absolutamente virtuoso, con sus escalas, arpegios, trinos, contrastes en volumen y un metro rítmico, que no decae. Fue genial. Pareciera que sus melodías arrastran compulsivamente a toda la orquesta. Posada, apuntando cada detalle... y latino de pura cepa, fue dueño del ritmo que supo implantar a la rica percusión y a toda su orquesta. Nos dio un gusto especial, con sabor a fiesta y a danza, escuchar con claridad que, intercalada en una importante obra orquestal para sala de conciertos, la picardía de “nuestros palitos” punteaba el paso. Tuve que hacer un esfuerzo heroico para no salir a bailar al frente de mi teatro. ¡Quizás los músicos también... y todo el público! Giraldo ejecutó con igual maestría su encoré, Melodía Triste, de León Cardona. Y el toque culminante, Sinfonía de “Matías el pintor”, del moderno compositor alemán Paul Hindemith, quien sufrió vetos y prohibiciones por exponer en su música sus críticas políticas en la época nazi. La escogencia de esta obra, (basada en Las Tentaciones de san Antonio, de Grunewald), fue también una elección muy acertada y perspicaz. 


Pienso que, aunque provenientes de épocas y períodos diferentes, y estratos musicales distintos, (estos con influencias folclóricas o nativas y étnicas, o altamente cultas) el concierto se construyó con tres obras de igual cariz desde el punto de vista orquestal, rítmico, estilístico y de expresión. Juntas, las tres obras forman como un espejo de tres alas en el cual se reflejan y se entremezclan mutuamente. Resulta muy interesante escucharlas en serie. Más pesada la de Hindemith, pero con sorpresas de la misma índole: orquestales, tímbricas, estructurales y retóricas. Similitudes en el fraseo, las alternancias, las resonancias, las disonancias, los pianos “y las explosiones”, las pequeñas o cortas apoteosis que emergen esporádicamente, etc., etc. Y en especial para el director, las tres obras, de una manera muy parecida, son procesos extremos de virtuosismo en el control del tempo, la complejidad, la expresión, el detalle, la concertación. Fue una noche extraordinaria, interesante, de la más alta calidad orquestal y musical. ¡Gracias, Filarmónica; gracias, Alejandro Posada!