Columnistas

Jubilarse para renacer
Autor: Omaira Martínez Cardona
25 de Febrero de 2013


“Gritar de alegría” es el significado de la palabra jubilación en su origen hebreo.


“Gritar de alegría” es el significado de la palabra jubilación en su origen hebreo. Cuenta la leyenda que Moisés estableció una ley en la que quien cumpliera siete veces siete años de vida (49) debía celebrarse una fiesta para dedicarse a reflexionar, meditar y volver a la esencia de la vida, disfrutando con júbilo de lo que había conseguido en los años anteriores.


En nuestro contexto y según el Observatorio Mundial para la Vejez, la jubilación es sinónimo de retiro de la actividad laboral y representa una de las grandes aspiraciones y a la vez preocupaciones para los casi mil millones de adultos mayores de 50 que seremos en los próximos diez años. Lamentablemente, según los estudios, son pocos los países donde la esperanza de vida es superior a los 80 años, lo que significa que si el promedio mundial de la edad de retiro laboral para obtener un ingreso económico seguro es de 65 años y la expectativa de vida de 74, el tiempo para disfrutar es de menos de 10 años sin considerar que las condiciones físicas ya no son las mismas aunque se tenga un espíritu cultivado y joven. 


Aunque el panorama parece desalentador y medio mundo se atemorice cada que se anuncia una nueva reforma pensional que extingue la ilusión de los adultos aún jóvenes de acceder a una pensión para su jubilación, el proceso puede dejar de ser un anhelo menos traumático y convertirse en una esperanza prometedora si se cambia de actitud frente a una etapa normal de la vida a la que todos llegaremos. Jubilarse es mucho más que un reconocimiento al servicio prestado, es un renacimiento hacia la vida plena, sin las imposiciones de cumplir con un tiempo que quita dedicación a lo fundamental y sin las responsabilidades que implica un empleo. 


Es poner un cúmulo de sabiduría adquirida por la experiencia de lo vivido, al servicio de las propias causas e intereses, al cuidado de sí mismo, al compartir con los seres queridos, al disfrute de un nuevo tiempo para nuevas metas.


Pero para este pleno disfrute hay que prepararse, teniendo claro que retirarse de cualquier oficio no significa inactividad. Por eso quienes asumen el desafío de planear su retiro desde que comienzan su actividad productiva sin afincarse en un puesto de trabajo y ahorrando en tiempo, energías y lo materialmente necesario, tienen más posibilidad de llegar a los siete veces siete años cumplidos para cumplir su ideal y tomar la decisión antes de la tan anhelada notificación, con la certeza de que podrán recoger lo sembrado, más allá de las necesidades económicas y con plena conciencia de ser libres, independientes y en lo posible, saludables. 


Esperar con ilusión la edad del júbilo y planear el camino a seguir sin aspirar mucho en aspectos materiales y centrarse más en los espirituales, en fortalecerse en cuerpo y alma, pensando más en la calidad del tiempo que queda que en la cantidad, es asumir con la mejor actitud esta etapa que puede ser tan maravillosa como cada quien la proyecte y trabaje para conseguirla. Quienes lo logran, merecen todo el reconocimiento porque es un acto de valentía frente a un proceso inevitable por el que todos debemos pasar y la gran mayoría esquiva hasta que le toca. Por eso debemos afrontarlo de manera digna, adecuada y satisfactoria para celebrar y aprovechar lo mejor posible el poco o mucho tiempo que nos quede de existencia.