Columnistas

Reconocer y valorar
Autor: Jaime A. Fajardo Landaeta
21 de Febrero de 2013


Resulta imposible ignorar los avances que la fuerza pública está obteniendo, sobre todo con su aparato de inteligencia, en la lucha contra la criminalidad.


Resulta imposible ignorar los avances que la fuerza pública está obteniendo, sobre todo con su aparato de inteligencia, en la lucha contra la criminalidad. En el caso de Medellín y el Área Metropolitana se intensifican los golpes contra jefes y mandos medios de bandas y combos, en seguidilla que demuestra lo que aquí hemos sostenido: que la ciudadanía debe saber valorar estos resultados.


Así como a gritos se pide depurar la institución policial y que ésta sea más efectiva en sus operativos para concretar resultados en la lucha contra la extorsión, el hurto, el homicidio y demás delitos, también es preciso reconocer sus aciertos. Sin desconocer que hechos como los que vienen afectando las comunas 13 y 8 minimizan el alcance de estas acciones policiales.


Con la caída de los máximos jefes de la llamada “Oficina”, alias ‘Sebastián’ y ‘Valenciano’, se han producido muy frecuentes hechos de desarticulación de estructuras mafiosas. Las capturas de alias “Colas”, “don Leo” y “Pichi” (el posible sucesor de ‘Sebastián’), hablan de la efectividad de la inteligencia de la fuerza pública, apoyada en una muy valiosa forma de cooperación internacional.


Ahora bien, no es de extrañar el inmediato relevo de mando, gracias al carácter piramidal de dichas organizaciones. De allí la importancia de estos operativos, porque impactan en los reacomodos jerárquicos.


Sin pretender soslayar la complejidad de la estructura y el arraigo del fenómeno delincuencial que se enfrenta, hacemos énfasis en la magnitud de los resultados en cuanto a afectación en su cúpula. También en que estas acciones, por sí solas, no llevan al final del fenómeno del narcotráfico, la extorsión, las fronteras invisibles y demás manifestaciones violentas. Es evidente que se requiere mayor efectividad del aparato judicial, un incremento significativo de los jueces y fiscales, acabar con la cultura de la ilegalidad y de la corrupción, acelerar los programas de inversión social y de lucha contra la pobreza, intensificar la cooperación internacional, desmontar el andamiaje de las rentas ilegales y -lo más importante- ganar la confianza ciudadana en la institucionalidad. De lo contrario, no podremos cantar victoria; ni siquiera dimensionar los reveses que ha sufrido el crimen organizado.


Ahora bien, los constantes tiroteos en varias comunas, la existencia de una gran cantidad de combos y bandas, el aumento del microtráfico, la extorsión y las vacunas, son delitos que pueden disminuirse si existe una acción más coordinada y eficaz de la fuerza pública y una mayor colaboración ciudadana. 


Pero algo se debe hacer, mientras se acentúa la política integral de seguridad con que hoy cuenta la administración municipal y los organismos policiales y de investigación. Empezando por cambiar positivamente la percepción de seguridad y satisfacción ciudadanas, para que cada operación se revierta en fortalecimiento de la legalidad y el Estado de Derecho.