Columnistas

Sin azúcar no hay país
Autor: Danny García Callejas
20 de Febrero de 2013


“Sin azúcar no hay país” era el lema de los agricultores cubanos y guajiros (o campesinos cubanos), especialmente durante 1930-1959, en contraste con los empresarios que esgrimían que “sin industria no hay país”.


“Sin azúcar no hay país” era el lema de los agricultores cubanos y guajiros (o campesinos cubanos), especialmente durante 1930-1959, en contraste con los empresarios que esgrimían que “sin industria no hay país”. Hoy, en 2013, en Cuba se ignora este debate pues la producción industrial y azucarera es incipiente.


En 1952, por ejemplo, Cuba producía más de siete millones de toneladas de azúcar en más de 160 centrales pero, en 2012, según cifras oficiales, alcanzaría solo 1,5 millones de toneladas en 50 ingenios; es decir, 4,6 veces menos de lo que se producía hace 60 años. Por su parte, la industria manufacturera pasó de representar 23% en 1990 a 14% en 2010. 


En Cuba es un privilegio contar con conexión de banda ancha a Internet, teléfono o celular. En 2011, por cada 10.000 personas en la isla solo 4 tenían acceso a Internet, en contraste con Colombia donde la cifra ascendía a 694, según cifras del Banco Mundial. Similarmente, en 2009, en Cuba y Colombia había 10 y 16 líneas telefónicas y 6 y 92 suscripciones a telefonía móvil por cada 100 personas, respectivamente.


Tan solo ahora los cubanos tienen la oportunidad de viajar fuera de su país con menos restricciones que antes. Recientes reformas han permitido que hasta los críticos del gobierno, como la bloguera Yoani Sánchez, por fin logren viajar fuera del país a recibir premios internacionales de periodismo y de defensa de los derechos humanos en la isla.


Pero la represión y violación de libertades civiles continúa. A diferencia de Colombia, donde los columnistas de opinión podemos escribir desde diversas posiciones ideológicas y realizar críticas al gobierno de turno y nuestra sociedad, en Cuba, pensar distinto al régimen dictatorial significa encarcelamiento y acoso de las autoridades de la isla.


Quizás hoy más que nunca habría que invocar el himno cubano para gritar en contra de este oprobio que la dictadura le hace a los ideales de Martí. Liberar las cadenas de la opresión y la afrenta de vivir en silencio bajo el terror, requieren de una rosa blanca para cubrir las mentes de los dictadores.


Que sea la marcha de las conciencias que buscan la libertad, sin violencia, con dignidad y corazones entrelazados, quienes entreguen la rosa blanca de Martí a los opresores. Alcemos nuestras miradas con voz firme para denunciar los abusos de poder en la isla apoyando el reencuentro de hermanos en una sociedad que por fin sea libre.


Podrán callar nuestras voces con los fusiles y la intimidación, pero nunca tendrán nuestras almas que claman por una Cuba libre. En este ideal nunca moriremos. El problema no es de azúcar o industria, la realidad cubana es que sin libertad no hay país; por ahora solo hay dictadura.