Columnistas

Vergüenza televisiva
Autor: Rodrigo Pareja
19 de Febrero de 2013


Consiga plata honradamente mijo, pero si no puede así, consiga plata mijo.


Consiga plata honradamente mijo, pero si no puede así, consiga plata mijo. Tal parece ser la  consigna aplicada a rajatabla por los canales privados de la mediocre televisión colombiana, que no se sacian de acrecentar sus ganancias con el fácil expediente de explotar el morbo y la ignorancia de millones de sus televidentes.


Se dirá que ellos están en su derecho de ganar dinero porque no son empresas sin ánimo de lucro y mucho menos de beneficencia, pero no hay que olvidar que también están obligadas – máxime cuando usan canales del Estado – a procurar educación y a fomentar valores, sobre todo entre la juventud.


La última gran demostración de lo poco que les importan a la televisión  privada estos principios esenciales - que aunque no escritos son de obligatoria observancia – la dio en días pasados el canal RCN, con un “especial” con el que se pretendió demostrar que Pablo Escobar no era lo que fue sino un inocente ángel.


Ángel o demonio, así lo titularon, en una sesgada intención de defender lo indefensable y de llevar a todos aquellos colombianos menores de 30 años que no padecieron la crueldad y el terrorismo de Escobar, a dudar si éste fue “vilmente asesinado”, como en su dolor de madre lo dijo doña Herminia, o si pagó con su vida el caudal de crímenes que cometió.


Con pobres espectáculo como ese, en el que además se engañó al televidente al apoyarse en ciertos momentos en imágenes que nada tenían que ver con Escobar y su cuadrilla - el momento de la fuga de La Catedral, por ejemplo – todos los menores de 30 años que no fueron testigos directos de sus canalladas, tienen todo el derecho a la duda. 


Plausible este gran servicio de RCN a la formación de la juventud, al fomento de los valores y a la conservación de la memoria histórica relacionada con la época más nefanda padecida por Colombia en toda su historia. 


Acerca de la campaña reivindicadora del nombre de Escobar que ha emprendido la televisión  privada, tarea que en últimas resultará imposible,  vale la pena acompañarla en el intento y sugerirle a los dos canales algunos títulos para futuros “especiales” sobre el capo.


Podrían ser, entre otros: “Pablo, precursor de la vivienda de interés social”, por aquello del barrio ‘Pablo Escobar’ en Medellín; o “Escobar o manual práctico sobre uso de explosivos”; o por qué no, “Método infalible para impedir vuelos en la aviación comercial”, o también este otro: “De cómo desaparecer amigos en visitas carcelarias”, y por último, “Guía para una fuga auxiliada”.


Cualquiera de ellos, bajo la óptica utilitarista y de explotación morbosa que aplican los canales privados Caracol y RCN, les garantizaría por enésima vez ganancias tan suculentas como las que suelen recibir los capos que antes y ahora están dedicados a  vivir del narcotráfico, con la sola diferencia de que a éstos últimos los persiguen y a aquellos los alaban y les celebran, hasta con premios, sus desafueros. 


A propósito de estos canales que compiten cada día por ver cuál es capaz de pasar más ‘noticias de sangre’, como se las denomina en el ambiente periodístico, cabe preguntar por qué esta clase de periodismo se denomina ‘amarillo’ cuando la lógica indica que sería más apropiado denominarlo ‘rojizo’ o carroñero.


Mientras alguien llegue con algún criterio menos monetarista y más dirigido a la formación y exaltación de los valores, al entretenimiento sano y a la diversión con buen gusto, habrá que padecer esta clase de televisión, destinada por ahora a enriquecer a los potentados y a embrutecer aun más, si cabe, al ignaro pueblo colombiano.