Columnistas

Muerte por mina
19 de Febrero de 2013


Ahora que se vuelve a dialogar sobre la paz en el país, hay que mencionar algunos de esos detalles que no todos los días salen en los diarios de nuestro país, pero que en otras latitudes, uno solo de estos incidentes ocuparía las primeras planas


Ximena Norato * 


Ahora que se vuelve a dialogar sobre la paz en el país, hay que mencionar algunos de esos detalles que no todos los días salen en los diarios de nuestro país, pero que en otras latitudes, uno solo de estos incidentes ocuparía las primeras planas mediáticas, sociales y políticas. Me refiero a las víctimas de las minas antipersona. De hecho, un título de esta naturaleza carecería de sentido. 


Desde el año 1990 y hasta finales del año 2012, el país registró 10.160 personas que fueron víctimas de estos macabros artefactos. De ellas, 992 fueron menores de edad y 218 de ellos murieron. Lamentablemente, Antioquia es uno de los departamentos con mayor reporte de estos hechos. 


Son tantas y tantas las atrocidades de esta guerra sin tregua que los medios de comunicación no dan abasto reportando cada uno de los graves efectos de sus acciones, y como sociedad ya parece que no procesamos todos los datos. No hay que negar que los últimos dos años, la campaña “Remángate” ha visibilizado esta violación de los derechos humanos, pero mucho más allá de una posible discapacidad, las minas antipersona encierran muchas preocupaciones.


Un alto porcentaje de los niños y las niñas que se han desvinculado de la guerrilla afirman haber participado en la elaboración y “siembra” de estos artefactos. Por lo tanto, la vulneración a la niñez es redoblada. Exponen sus vidas cuando arman y “siembran” las minas, y claro está, cuando resultan seriamente lesionados o cuando mueren por su activación.


No hay manera de decir que la idea no era que los niños y las niñas fueran las víctimas, ya que las minas están escondidas en caminos que llevan a las escuelas, en campos en los que los niños juegan fútbol, están camufladas en artefactos abandonados que llaman la atención, sobre todo de los niños. Si uno va caminando por una vereda y ve una pelota o un envase de algún refresco, lo más seguro es que la curiosidad ya no le alcance para ver si tiene algo por dentro. Pero a un niño le sobra la curiosidad y a pesar de las advertencias de no tocar nada que no sea suyo, antes de recordar la orden, ya la patada hacia el balón no tiene reversa.  


Más de 200 niños y niñas muertas por minas antipersona, es un asunto que debería generar, a nivel nacional e internacional, un llamado a los grupos al margen de la ley para abandonar esta práctica, que como muchas de las que suelen usar, también viola el Derecho Internacional Humanitario. De hecho, no solo deberían abandonar la práctica de manera inmediata y unilateral, sino que deberían, con su gente, hacer el desminado del país. Ya que de concretarse un proceso de paz, el país seguiría albergando en su suelo, artefactos letales.


Y como ciudadanos colombianos no podemos ignorar la situación que se vive en nuestro país, el año pasado, de los 54 niños víctimas de minas antipersonas, 13 murieron. ¿Qué sentiría, si uno de ellos hubiera sido su hijo? Si no quiere ni imaginárselo, entonces ayude a construir un país justo y equitativo. Dé empleo decente, no golpee a su esposa ni a sus hijos, no maltrate a sus empleados ni colegas y empiece a pensar cómo va a ser parte de la paz. 


Así, nuestro querido cantautor Juanes, va a poder modificar su canción y nos advertirá que nos fijemos en donde poner cada pie, para no pisar las flores que de la tierra brotan, que nacen de allí en donde antes hubo una mina. 


* Directora de Pandi -Periodismo Aliado de la Niñez, el Desarrollo Social y la Investigación-.