Columnistas

Todo nos llega tarde
Autor: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
18 de Febrero de 2013


Quién podría imaginar que don Julio Flórez tenía toda la razón. En este país todo nos llega tarde, incluso hasta la mismísima verdad.


Quién podría imaginar que don Julio Flórez tenía toda la razón. En este país todo nos llega tarde, incluso hasta la mismísima verdad. Bastó que un abogado ambientalista tomara unas cuantas fotos y desnudara todo lo que ya se sabía desde la década de los 90: La Drummond contamina el mar Caribe con la anuencia del gobierno y de todas esas entidades ambientales de bolsillo que se han inventado en este país, permeadas por políticos inescrupulosos que utilizan éstas para poner “a dedo” directores, técnicos, administradores y demás cargos con tal de no “joderle la vida” a todos los saqueadores que se han montado en la “locomotora de la minería” colombiana.


En este país donde el común de la gente duda, teme y se abstiene, es una demostración inconfundible que desde las más altas esferas de las tres ramas del poder público, se viene descuadernado la nación. ¿De qué le sirve a la población contar con un Ministerio del Medio Ambiente, unas Corporaciones Autónomas (¿si serán autónomas?), Secretarías del Medio Ambiente, entre otras entidades politizadas y que actúan en contra de las mayorías y a favor de unos cuantos que poseen todo el poder económico y político?


La continúa subvaloración de nuestros recursos naturales, la agresión al medio ambiente por parte de las multinacionales, el cambio permanente de los usos del suelo de acuerdo a los intereses de constructores, las manifestaciones absurdas de dirigentes, son demostración palpable de que en nuestra nación cada cual jalona para su lado la cuerda de su interés. ¿Cómo puede ser posible que un gobernador anuncie que apelará ante el Tribunal Contencioso Administrativo de Antioquia  para que se pronuncie sobre la legalidad, injerencia y en especial competencia del Acuerdo que aprobó el Concejo de un municipio que creó una protección especial y restringió algunas prácticas mineras en esa localidad, con tal de favorecer el apetito de unos cuantos corsarios y mineros? ¡Hay mucho bucle y pocas ideas!


En tiempos de la antigua Grecia pagaban a los más pobres para ir a la asamblea porque se consideraba imprescindible que fuesen todos (la ekklesía) a tomar decisiones sobre lo fundamental, pero cuando algún ateniense se resistía a asistir aduciendo que él no era político, entonces le aplicaban una palabra específica y le llamaban “idiota” (idion), o sea, el que sólo quiere ser él mismo. ¿Hasta cuándo seguirá nuestro país llenándose de “idiones” que no quieren manifestarse en contra de todas esas prácticas corruptas que conducen a la destrucción continuada de nuestros recursos, para que se beneficien unos pocos?  El problema no está en que haya corrupción, sino que la corrupción salga impune y sin la participación ciudadana ésta será imposible erradicarla.  Las tres ramas del poder público va rumbo al abismo… de la corruptela.


Es necesario seguir alentando a periodistas, investigadores, científicos y a los ciudadanos del común para que pongan sobre la palestra pública todas las prácticas indeseables de todos los saqueadores de nuestras riquezas (solo la Drummond se ha llevado más de US$ 11.000 millones, y los pueblos que circundan sus minas son de una pobrería infame) y de esta forma no se nos reconozca como los “idiones” de la antigua Grecia, que es la forma como se nos mira desde la los tres poderes públicos.