Columnistas

Democracia y Religi髇
Autor: David Roll
16 de Febrero de 2013


Con motivo de la renuncia del Papa Benedicto XVI, vale la pena hacer una reflexi髇 sobre c髆o la religi髇 y la democracia conviven en el siglo XXI sin mayores conflictos


Con motivo de la renuncia del Papa Benedicto XVI, vale la pena hacer una reflexión sobre cómo la religión y la democracia conviven en el siglo XXI sin mayores conflictos, a pesar de que unos pocos intentan desconocer ese hecho indudable, y Colombia no es la excepción. En el caso de nuestro país, en los últimos años ha habido una gran cantidad de escritos periodísticos en los que se afirma de un modo u otro que las iglesias en general, y la Católica en particular, son un obstáculo para el desarrollo democrático. Esto se debe básicamente a las posiciones oficiales del catolicismo respecto de las normas que regulan materias relacionadas con la conducta sexual de las personas. El problema es que cuando las jerarquías de estas iglesias expresan sus opiniones sobre estos temas sexuales y sus implicaciones jurídicas, varios de los más aguerridos defensores de la democracia constitucional se arrojan lanza en ristre contra las religiones en su conjunto y contra ésta en especial, ridiculizando las creencias de millones de personas, olvidando que la libertad de cultos debe no sólo ser defendida sino también respetada, porque es parte esencial de la libertad de acción y de expresión de la democracia. Lo que es más más difícil de entender es que estos intelectuales, con amplia posibilidad de consulta bibliográfica y una capacidad de raciocinio muy por encima de la media, no se den cuenta que los fieles de una religión no respaldan automáticamente lo que las autoridades religiosas establecen  en estos temas álgidos. El mejor ejemplo es la anticoncepción, que no es aceptada por la iglesia Católica, pero que es utilizada evidentemente por la mayor parte de los fieles practicantes o autoreconocidos creyentes, pues es un dato matemático que los católicos tienen muchos menos hijos que antes y que los métodos naturales no funcionan. Dicen los expertos en el tema de las religiones que cuando dos pontífices decidieron desconocer las conclusiones de los estudios ordenados por el propio Vaticano sobre este tema y continuar prohibiendo la anticoncepción por métodos artificiales, los fieles se encontraron en la disyuntiva de abandonar la iglesia Católica o aceptar una orden que les resultaba imposible de cumplir en la posmodernidad. Esto permitió que en adelante, y por primera vez en la historia, los católicos asumieran, no sin ciertas dudas y remordimientos, que sus creencias estaban por encima de las jerarquías, aunque las respetaban, y esto de alguna forma salvó a la iglesia Católica de un abandono masivo de sus fieles a nivel mundial, como la desbandada que ocurrió en países de rápida modernización, como Canadá, en la última mitad de la pasada centuria. 


En los siglos anteriores al actual la tolerancia religiosa consistió en que las personas en las democracias pudieran declararse ateos sin consecuencias; pero en el siglo XXI parece que habrá que defender más bien a los que se atreven a tener creencias religiosas, pues se vuelven sospechosos de antidemocráticos por ese solo hecho y eso es absurdo. Las democracias y las religiones no sólo son compatibles en la mayor parte del mundo actualmente, aunque hay excepciones, sino que en muchos casos se refuerzan entre ellas. Con excepción de algunos temas difíciles, hay una gran coincidencia de valores en ambas, y los corruptos en las jerarquías de unas y otras siguen siendo unas minorías controlables en los dos casos. 


Fernando Savater afirmó en “La Aventura de Pensar”, que “antes siempre había un Papa Católico y un Papa filosófico”, pero que eso acabó con la muerte de Sartre, y que Benedicto XVI ha sido un Papa católico y filosófico. Yo afirmo que su sucesor tendrá el reto histórico de conservar ese legado y de lograr que las diferencias de pensamiento entre la Iglesia y el mundo moderno, mayormente democrático o avanzando en esa dirección, sean cada vez menores; y creo que quizá incluso no pueda evitarlo.


Profesor Titular U. Nacional