Columnistas

Estado de la Uni髇 2013
Autor: Rafael Bravo
15 de Febrero de 2013


Despu閟 del discurso de posesi髇 viene lo que sin duda es el segundo evento de mayor importancia para todo presidente que logra la reelecci髇: El Estado de la Naci髇.


Después del discurso de posesión viene lo que sin duda es el segundo evento de mayor importancia para todo presidente que logra la reelección: El Estado de la Nación. Es allí donde se traza la brújula que guía el programa de gobierno en los siguientes 4 años. El de Obama fue un mensaje cargado de populismo y buenas intenciones pero que se quedó corto en propuestas concretas. Un perentorio “hagan su trabajo” en alusión a los congresistas. Fue reiterado el llamado al legislativo para que se superen las diferencias partidistas que son el mayor obstáculo en Washington. Pero a decir verdad, las palabras del presidente encontrarán poco eco en los pasillos del congreso. Y entonces todo parece indicar que Obama saldrá de recorrido por el país apelando al constituyente primario como la mejor forma de presionar a sus congresistas. 


El gobernante norteamericano ha centrado su mensaje en la recuperación de la clase media como la mejor manera de estimular el crecimiento de largo plazo mediante un impulso a la educación con un plan a todas luces audaz: hacer que los niños tengan acceso universal a programas de nivel preescolar. Ello representaría enormes ahorros para millones de familias de clase media y de bajos ingresos. La propuesta de un aumento del salario mínimo a 9 dólares por hora (hoy es de US7.25) tiene implicaciones políticas muy riesgosas pues si bien es un asunto de justicia para los pobres, no es lo mismo para el sector productivo que lo interpreta como una carga adicional y un obstáculo a la creación de empleo.


En un sentido literal, el discurso presidencial evoca las épocas de los gobiernos liberales haciendo del aparato estatal un medio para resolver las urgencias ciudadanas en momentos de crisis. “Es una tarea no terminada para asegurarnos que el gobierno funciona para beneficio de muchos y no solo para unos pocos”. 


El llamado al congreso para impulsar una legislación que haga frente al cambio climático, una reforma migratoria integral que aborde el limbo en que viven millones de indocumentados, la defensa del voto para las minorías y el inicio de conversaciones con la Unión Europea con miras a llegar a un acuerdo de libre comercio, fueron algunas de las principales propuestas que merecen la atención del legislativo.


En cuanto al creciente déficit presupuestal, Obama fue enfático en pedir un revolcón al código tributario eliminando los vacíos legales en el sistema impositivo, proponiendo cambios modestos al Medicare e insistiendo en lo injusto que resulta trasladarle a los retirados y pobres los mayores costos de este programa. Nuevamente, brillan por su ausencia planteamientos precisos en un asunto crítico para la estabilidad futura de las finanzas federales. 


En el tema de control de armas que ha copado los titulares y creado no pocas divisiones, el presidente le trasladó al congreso la responsabilidad de abrir la discusión sobre la conveniencia de tener acceso a armamento de asalto y cartuchos de alta capacidad. En un emotivo recuento de los más recientes ataques y con presencia de familiares de las víctimas, entre ellos la ex congresista Gabby Giffords, sobreviviente de un ataque en Tucson Arizona que le dejó graves lesiones, el presidente exigió de los legisladores un voto a favor o en contra de medidas que frenen la violencia en contra de muchos inocentes. 


El público norteamericano está hastiado de la polarización política en el congreso. El discurso presidencial no fue propiamente un ramo de olivo para sus contradictores. Como tampoco la respuesta del senador Marco Rubio, la nueva figura de origen latino del partido republicano quien desaprovechó una excelente oportunidad para renovar el mensaje a un electorado que le ha sido esquivo en las últimas elecciones. Histórico sí que Rubio se haya dirigido a los hispanos en nuestro idioma, algo que no había ocurrido antes en el Estado de la Nación.