Columnistas

Contra la ciudad y los ciudadanos
Autor: Dario Ruiz Gómez
11 de Febrero de 2013


Las protestas contra el alza inmoderada del predial han sido el detonante de una situación postergada por la anterior Alcaldía y que el actual Alcalde no llegó a captar en su magnitud.


Las protestas contra el alza inmoderada del predial han sido el detonante de una situación postergada por la anterior Alcaldía y que el actual Alcalde no llegó a captar en su magnitud. Si el catastro supone el censo y padrón estadístico de los predios y edificaciones es preciso partir, no como se ha hecho, de consideraciones alrededor de cifras abstractas, sino de algo fundamental: la lectura de lo que ha ido sucediendo en el suelo urbano sometido a los vaivenes de la especulación, de la violencia territorial. Hay sectores donde se considera la plusvalía pero hay otros donde lo que se debe considerar es la minusvalía. ¿Cuál es el valor de una casa abandonada ante las amenazas de los combos y cuál es el valor de los predios sometidos a las fronteras invisibles? ¿Cuál es el valor de una propiedad asolada por el ruido de bares y discotecas con licencia concedida por la oficina de usos? ¿No hay en estos casos un evidente desmedro del valor catastral? Pensemos en otro factor determinante para que el valor del suelo urbano sufra estos desmedros: la alarmante especulación urbana a cuyo antojo se mueve el territorio de la ciudad y la vida de los ciudadanos está sometida a toda clase de sobresaltos y terrores.


¿Quién determina hoy que los precios de la propiedad se hayan inflado tan inmoderadamente sin que ninguna entidad municipal  les haya puesto coto? La especulación promueve libidinalmente el arribismo social y hace creer que un alto precio de venta es sinónimo de calidad arquitectónica y de caché. Pero este tipo de urbanizador olvida cumplir con las obras de infraestructura como aceras, jardines, canalización de quebradas, tarea que terminará haciendo el municipio, con el dinero de los contribuyentes, con el resultado de fragmentación del espacio urbano de forma indebida, agresión creciente al tejido social y desconocimiento del derecho adquirido de los antiguos pobladores a defender un hábitat que la especulación les arrebata impunemente. “El Predial no tiene por qué conocer el caso de los pensionados”, ha confesado un funcionario de la Alcaldía de Bogotá. Ha dicho él, dotando de entidad a un ente abstracto, la burocracia kafkiana sorda al reclamo ciudadano. ¿No es una máquina abstracta incapaz de leer humanamente los territorios de la ciudad, la encargada de causar esta conmoción social que  se vive a causa de un impuesto carente de racionalidad en sus procesos y bajo el cual se encubren nuevas formas de desplazamiento?


¿No debe ser la tarea de la alcaldía rescatar los derechos ciudadanos y colocar en su sitio a la especulación rampante? Ahí está la ruina de proyectos avalados mediante derrames de valorización, la cicatriz de la avenida Oriental, la destrucción de la Estación Villa, a cambio, ningún proyecto de renovación urbana, o de nuevos espacios para el intercambio social. ¿En qué se ha invertido el Predial?  La indignación es hoy de la clase media-alta y su temor a ser desplazada de sus espacios tradicionales por aquellos que sí pueden pagar estos elevados impuestos. Y es justa esta reacción como algo que el Alcalde debe tener en cuenta para abrir el diálogo con la comunidad, recordando que la ciudad no es solamente un proyecto especulativo sino la construcción y defensa del hábitat del ciudadano.