Columnistas

Volver a lo fundamental
Autor: Omaira Mart韓ez Cardona
11 de Febrero de 2013


Aunque se crea que los prejuicios hace mucho tiempo se desvanecieron, siguen definiendo muchas de las relaciones entre los seres humanos y son una de las razones por las que hay tanta inequidad, exclusi髇, desamor, soledad, miedo a comunicarse


Aunque se crea que los prejuicios hace mucho tiempo se desvanecieron,   siguen definiendo muchas de las relaciones entre los seres humanos y son  una de las razones por las que hay tanta inequidad, exclusión, desamor, soledad, miedo a comunicarse y por las que la brecha entre unos y  otros sigue aumentando.


El prejuicio puede definirse como la acción mediante la cual se juzga, rechaza y discrimina un comportamiento o a una persona sin tener conocimiento de sus características o de las circunstancias en las que actúa y convive. Si bien la sociedad ha evolucionado haciéndose más consciente de la importancia del respeto a los derechos fundamentales que son iguales para todos, persisten viejos modelos culturales y educativos heredados por las actuales generaciones con prácticas prejuiciosas y excluyentes.


Sin importar desde que teoría se analicen, todas coinciden en que cualquier tipo de prejuicio tiene efectos y consecuencias negativas en las relaciones humanas y se fundamenta en una visión distorsionada de la realidad que ha generado gran variedad de estereotipos, promoviendo un materialismo desbordado que se convierte en condición y costumbre para convivir en comunidad.  


Las jerarquías en las organizaciones y los grupos sociales son un asunto de protocolo y formalismo que generalmente termina fortaleciendo estructuras de tipo vertical que no aportan mucho a lo relacional, sino todo lo contrario, bloquean y ponen barreras a las posibilidades de relacionamiento y comunicación entre las personas. Algunas prácticas administrativas y estilos de vida que hacen parte de las catalogadas como “diferencias sociales” influyen en que cada vez sean más las personas que viven y se sienten solas por temor al prejuicio, al rechazo, al que dirán o muchas otras que buscan una relación por conveniencia. 


Es el momento para llamar la atención sobre la necesidad de volver a lo fundamental, a la esencia del ser humano, lo que es y lo que piensa.  En cualquier tipo de relación lo primero que se intercambia son una serie de intereses comunes o diferentes que se van concertando en la medida en que la relación y las distintas maneras de comunicarse fluyen para hacer cosas en común. En todos los contextos, lo exterior, lo que se ve, es fachada y aunque es importante, no es lo fundamental porque se puede decorar y transformar, pero la esencia, los cimientos que sostienen el interior que hay después de la fachada, siempre estarán ahí. Por eso nada ni nadie es como parece. 


Los estudios sobre discriminación por género, condición económica, nivel de formación, raza, edad, orientación sexual, limitaciones físicas y cultura, evidencian que aunque se ha mejorado, los prejuicios siguen siendo una característica de la sociedad contemporánea cada vez más materialista, consumista, individualista, insegura y temerosa. Dejar fluir las relaciones sin importar los estereotipos y las diferencias es darse la oportunidad de vivir libre, feliz y en bienestar.