Columnistas

¿Tienen derechos las mujeres?
Autor: Mariluz Uribe
10 de Febrero de 2013


Por mucho tiempo a las mujeres nos estuvo negado tener ese supuesto hálito que nos diferencia de los animales, el Alma. Esto lo habían resuelto las “Autoridades”.


Por mucho tiempo a las mujeres nos estuvo negado tener ese supuesto hálito que nos diferencia de los animales, el Alma. Esto lo habían resuelto las “Autoridades”. Hacia la época de las Cruzadas, los hombres, llenos de alma, se fueron a Tierra Santa a expulsar a los árabes que se habían adueñado de los lugares santos, dejaron a sus mujeres protegidas por castos cinturones, y pajes que les cantaban día y noche mandolina en mano. Al regreso seguramente ellos comprobaron que ellas no eran tan desalmadas como creían, por lo menos en relación con los pajes. 


Los tiempos fueron cambiando, en el Renacimiento las mujeres tuvieron algún poder ejercido principalmente a fuerza de descotarse y de unos anillitos con veneno que podían abrir en los vasos de los vecinos. 


En el siglo XV, el 15 de agosto de 1483, en la inauguración de la Capilla Sixtina del Vaticano, el Papa Sixto IV concedió indulgencia plenaria a todas las personas que la visitaran “inclusive a las mujeres”. Así quedó claramente especificado que si la indulgencia nos servía, era porque también teníamos alma. Acaso desde entonces hemos pisado los talones a nuestros encantadores compañeros. 


Hasta hace poco, la mujer en Colombia, por el hecho de casarse, quedaba automáticamente convertida en menor de edad. Su marido pasaba a ser su papá y no solamente la mandaba sino que le manejaba sus propiedades y dineros; ella no tenía derecho a poseer ni a negociar nada, era una niña bajo la potestad de su marido. 


La primera persona que se pronunció contra esta falta de Lógica fue Ricardo Uribe Escobar, en Medellín 1914, con su tesis de grado “Apuntes Feministas” que le valió el escándalo, la censura y el sobrenombre de Doctor Prohibido. Hasta entonces los hombres habían sido tan engreídos y egoístas que en ninguna parte del mundo, a excepción de Inglaterra donde se comenzaba a tratar la cuestión, habían siquiera pensado en la posibilidad de que una mujer casada pudiera tener los mismos derechos de su marido. Eso se quedaba para las solteras. 


Aunque la voz de alarma se había dado en 1914, no fue sino en 1932 durante la presidencia de Olaya Herrera, con el ministro Carlos E. Restrepo, y la intervención del senador Fernández de Soto, que se aprobó la ley por la cual la mujer, aunque fuera casada, podía tener la libre administración de sus bienes. Se había dado el gran paso. 


En 1936, durante la administración de Alfonso López Pumarejo, progresaron los derechos de la mujer en el sentido de que podía ser elegida para puestos públicos - aunque no por voto popular - y para puestos de jurisdicción: Podía ser gobernadora o juez, pero no podía ser senadora ni Presidente de la República. La cosa mejoró cuando Rojas Pinilla dijo: “Que voten las mujeres” y el derecho de elegir y ser elegidas fue precisamente aprobado en el famoso Plebiscito que se hizo cuando la Junta Militar. ¡Sacamos Cédula! 


Ricardo Uribe Escobar, que alzó una voz en el mundo para defender a las mujeres, era mi padre. Disculpen pero tuve que hablar de ello. Las personas interesadas encontrarán en “Apuntes Feministas”, detalles sobre la materia. El libro fue prohibido por el arzobispo de Medellín, lo mismo que el periódico “Correo Liberal”, fundado con Tobón Quintero por Ricardo Uribe Escobar, quien fue amenazado de excomunión. 


Y para que quede muy claro, sepamos –para que no nos dejemos embaucar – que en el Congreso Socialista reunido en París en 1898, los socialistas negaron el derecho de la mujer a trabajar en los mismos campos que los hombres, para que no les hicieran la competencia. 


¡Así que, por favor, personas en la política, informarse antes de hablar! 


P.S. Ricardo Uribe Escobar está en Wikipedia.