Columnistas

¡Viva la diferencia!
Autor: Hernán Mira
4 de Febrero de 2013


“Guillermo Hoyos siempre enseñaba a propender por un pensamiento a la vez crítico y democrático, alejado de las estigmatizaciones y los señalamientos”. Óscar Mejía Quintana


“Guillermo Hoyos siempre enseñaba a propender por un pensamiento a la vez crítico y democrático, alejado de las estigmatizaciones y los señalamientos”. Óscar Mejía Quintana


El 5 de enero murió Guillermo Hoyos Vásquez, uno de los filósofos más importantes de Colombia e Hispanoamérica. Dedicó su vida a la educación, era profesor emérito de la Universidad Nacional y en sus últimos años fue director del Instituto Pensar de la Universidad Javeriana. Perteneció a la Comisión de Paz en el Gobierno de Belisario Betancur, fue un gran defensor y divulgador de la Constitución del 91, y un incansable abanderado de la paz y la democracia.


En la Cátedra de Formación Ciudadana “Héctor Abad Gómez”, Hoyos fue uno de los primeros invitados, como tenía que ser. Allí, como lo hizo siempre, expuso y debatió importantes planeamientos sobre la ciudadanía, la educación, la democracia, de los que recojo apartes como especie de sencillo homenaje póstumo al gran maestro.


La democracia no es estática, no es nada unanimista. Recordó inicialmente este postulado que tanta falta nos ha hecho en Colombia ahora y siempre. La democracia es de la ciudadanía y es la garantía para que cada uno de nosotros podamos gritar por la calle ¡viva la diferencia! En vez de ¡viva la unidad! Tampoco ¡viva la patria!, sino ¡viva la diferencia! Que es la que nos constituye como ciudadanos y ciudadanas del común, como las grandes mayorías, porque las mayorías no están hechas de igualdades sino, precisamente, de diferencias.


“Todavía recuerdo en mi educación antioqueña que para mí la intolerancia era un valor. En nuestra educación la intolerancia era la virtud y la tolerancia vicio porque era debilidad”, dijo. Tenemos que cambiar y pasar al paradigma de la tolerancia que es la que lleva a la pluralidad, esa que siempre defendió Hoyos como virtud más allá de la tolerancia.


Porqué no educamos para eso que caracteriza la juventud, la tolerancia, la imaginación, y en lugar de la competitividad proponemos cooperación y apertura al otro. Tenemos que plantearnos y proponernos en Colombia una educación para la mayoría de edad que es educación para la ciudadanía, en el sentido de apropiarse de las competencias, las facultades, las posibilidades subjetivas de relacionarse con los otros como diferentes y, por lo tanto, como interlocutores válidos. Acceder al proceso de conciudadanos en una sociedad civil que se consolide democráticamente, con ciudadanos y ciudadanas iguales del común.


Terminó su conferencia con este polémico planteamiento que, personalmente, comparto. La educación del futuro no debe formar líderes. Debe formar equipos que se constituyan en cooperación, en reconocimiento de las bondades del otro antes que pasar a hacerle propaganda a las propias bondades. “Y por eso con todo derecho puedo decir que esta educación para la ciudadanía, más que educar para el liderazgo, debería educar para la cooperación”. No necesitamos más líderes, se necesitan ciudadanos del común que se respeten, que se reconozcan, que sean capaces de armar auténticos proyectos democráticos y la democracia es fenómeno de juventud.