Columnistas

¿Usted publicaría esa foto?
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
31 de Enero de 2013


El periódico El País de Madrid publicó en la madrugada del pasado 24 de enero una fotografía falsa del presidente venezolano, Hugo Chávez, donde aparecía intubado en una cama de hospital.


El periódico El País de Madrid publicó en la madrugada del pasado 24 de enero una fotografía falsa del presidente venezolano, Hugo Chávez, donde aparecía intubado en una cama de hospital. La imagen fue retirada de la edición impresa y de la página web, donde permaneció una media hora, aproximadamente.


Las noticias sobre las enfermedades de los gobernantes son necesarias. La sociedad tiene derecho a saber el estado de salud de sus dirigentes y estos, la obligación de informar acerca de sus males presentes, lo mismo que sobre sus negocios y los movimientos de sus cuentas bancarias, amén de otras conductas que afecten o rubriquen su credibilidad. Es una garantía de transparencia que hace sólida la democracia y que marca la diferencia entre los diversos regímenes que usan y abusan del apellido democrático. 


La opacidad de los gobiernos da lugar a las dudas, a la especulación y a la incertidumbre. La falta de transparencia abona la ambigüedad. Las sociedades desinformadas viven desorientadas, andan a tientas pues no saben qué les espera el día de mañana. Como en Venezuela, en el sector público no se toman decisiones y en las empresas se paralizan los proyectos porque la gente no sabe a qué atenerse.


El secretismo es propio de los regímenes dictatoriales y sirve de mampara a los abusos de poder, a las simulaciones, a las violaciones de los derechos humanos y al enriquecimiento ilícito de quienes conforman los círculos de poder, protegidos por las sombras de la desinformación y la ausencia de críticas. Durante su efímera existencia la Unión Soviética dio los mejores ejemplos de opacidad y, por ahí derecho, les tiró cartilla a todos sus satélites en el mundo.  La muerte de Leonid Brezhnev, secretario general del Partido Comunista de la Urss y jefe de Estado desde 1964, fue comunicada oficialmente el 10 de noviembre de 1982, cuando estuvo definida la sucesión a favor de Yuri Andropov, pero sucedió semanas antes. Las purgas del régimen nunca se reconocieron, pero era habitual que los nombres de los caídos en desgracia desaparecieran de las noticias oficiales y las fotografías retocadas continuamente para sacarlos de escena. La historia oficial se reescribía en forma permanente, como bien lo retrata George Orwell en su obra “1984”. China, Corea del Norte, Cuba, son ejemplos dicientes del hermetismo informativo que mantiene en pie los privilegios de los gobernantes.


¿La fotografía agrega valor informativo? Una fotografía de Chávez enfermo despierta más curiosidad que interés. Si se ha dicho que está enfermo de cáncer y tiene complicaciones respiratorias, es fácil deducir la escena hospitalaria. El País escudó su falta de verificación en “las restricciones informativas que aplica el régimen de Cuba”. Pero la lectura entre líneas también ayuda. Si la vigencia de Chávez reside en el uso y abuso de los medios de comunicación, su prolongada ausencia desde el 11 de diciembre es signo categórico de su gravedad. En este caso el silencio informa más que mil palabras rebuscadas en las declaraciones de Evo Morales, Cristina de Kirchner, Nicolás Maduro o el locuaz ministro-yerno.    


La vida íntima de los personajes públicos también tiene límites. “Las penas tienen su pudor”, lo dijo el vate antioqueño Gregorio Gutiérrez González. Hay momentos de alegría y de dolor que deben quedar resguardados del ojo público porque pertenecen exclusivamente a la esfera íntima.   


La falsa fotografía de Chávez revive el debate académico sobre los límites de la información y pone de presente el tratamiento informativo dado en Colombia a tantos hechos de violencia y, sobre todo, en los casos del asesinato del cantante Rafael Orozco (9 de junio de 1992), la muerte de Pablo Escobar (2 de diciembre de 1993), de Raúl Reyes (1 de marzo de 2008), de Alfonso Cano (4 de noviembre de 2011) y del Mono Jojoy (22 de septiembre de 2010), en contraste con la información gráfica que se hizo de los magnicidios de Luis Carlos Galán (18 de agosto de 1989) y Álvaro Gómez Hurtado (2 de noviembre de 1995)  -para citar solo unos ejemplos- de donde brota un interrogante: ¿Son tendencias informativas que dependen de las calidades del muerto o simples manifestaciones sensacionalistas? Los medios norteamericanos no difundieron imágenes con las víctimas del 11-S, en cambio fueron muchas las que se publicaron del ataque a los trenes en Madrid el 11 de marzo de 2004. Estados Unidos tampoco difundió fotos del cadáver de Ben Laden. ¿De qué depende, entonces? 


Es hora de repasar y/o revisar los códigos de ética porque la información es un derecho y un servicio y no una mercancía cuya venta arrase todo lo que encuentra por delante.