Columnistas

¡Así no, presidencia!
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
31 de Enero de 2013


La Plaza de Toros de la Macarena está clasificada en primera categoría, pero no solo el número de puestos es lo que hace grande una temporada, también la calidad de los carteles, entre toros y toreros.


La Plaza de Toros de la Macarena está clasificada en primera categoría, pero no solo el número de puestos es lo que hace grande una temporada, también la calidad de los carteles, entre toros y toreros. 


La presidencia, cómo máxima autoridad es la que debe hacer respetar la Plaza. Las condiciones de los tres integrantes de la Presidencia en las corridas en La Macarena no tienen objeción, tanto quien la preside como sus asesores, pero, lo visto el pasado sábado en la segunda de abono con el torero Alberto Aguilar, en su segundo cornúpeta y con el rejoneador Andrés Chica, también en su último turno, ponen en tela de juicio la objetividad y el debido rigor que en otrora ha ejercido el mismo trio, al ser regalones con el otorgamiento de los trofeos.


Este año la Presidencia de la Plaza ha estado genuflexa frente a los pañuelos que se agitan en primera instancia en los tendidos 4, 5 y 6. Aunque la ley 916 de 2004, que reglamenta los festejos taurinos, en su artículo 71, referente a la entrega de los trofeos hace referencia a la primera oreja como reconocimiento al lidiador: “La concesión de una oreja podrá ser realizada por el presidente de la corrida a petición mayoritaria del público, las condiciones de la res, la buena dirección de la lidia en todos sus tercios, la faena realizada tanto en el capote como con la muleta y fundamentalmente la estocada.” No es obligante frente a la petición de oreja. En muchas corridas, con faenas y estocadas mejor desarrolladas que las del sábado pasado, la misma Presidencia que está hoy se ha negado a otorgar el primer apéndice con petición total de los aficionados. Vamos a llegar a tal punto que por sacar un trapo rojo y parquear un carro en Medellín se van a otorgar los máximos trofeos al ejecutor de la faena.


Es de muy mal gusto que un torero o un rejoneador, después de ejecutar unos pases, levante la mano reclamando a los asistentes un aplauso. Los asistentes en su real saber y entender decidirán si la ejecución merece o no los aplausos. Eso también contribuye a que las corridas vayan perdiendo categoría. Esperemos que se respete la categoría de la Plaza de Medellín desde usía y desde el ruedo.


La educación taurina es fundamental, para que el público pueda tener un criterio de plaza grande y no parroquial al momento de exigirle el oficio a aquellos que están en el ruedo ejerciendo la lidia, sobre todo ahora con la entrada en buena cantidad de jóvenes a los tendidos del coso macarenero. En ello, el equipo de Múnera Eastman en sus narraciones contribuye en formar el criterio taurino. Son objetivos, a su vez que son didácticos y enseñan a las nuevas generaciones para un mejor entendimiento de lo que sucede en la arena.