Columnistas

Enero negro
Autor: Manuel Manrique Castro
30 de Enero de 2013


Este inicio de año quedará marcado por los asesinatos de una niña y un niño indefensos y frágiles, de 4 y 6 años de edad, que perdieron la vida en Medellín a manos de sus madres y de inmediato desataron una enorme ola de indignación y desconcierto.


Este inicio de año quedará marcado por los asesinatos de una niña y un niño indefensos y frágiles, de 4 y 6 años de edad, que perdieron la vida en Medellín a manos de sus madres y de inmediato desataron una enorme ola de indignación y desconcierto.  No podía ser de otra forma porque si hay algo que excede toda posibilidad de comprensión es que una madre, por las razones que sea, llegue a esos extremos. 


Dos días después en el sector de La Mota, sicarios abalearon a un muchacho de 14 años quitándole la vida. De inmediato, Medicina Legal, consultada por los medios de comunicación que cubrieron profusamente los hechos, informó que en los 20 primeros días de este año,  40 menores de edad habían muerto víctimas de homicidios en todo el país. 


Pese a que la reacción de las autoridades no se hizo esperar anunciando medidas adicionales, lo cierto es que estamos ante una realidad de causas múltiples cuyo cambio reclama acciones sostenidas de largo plazo y respuestas en muchos frentes que no se restringen a la acción del Estado, aunque –eso sí- reclaman su presencia al lado de quienes están en condiciones  que urgen soporte a fragilidades extremas, como pudo ser el caso de las dos desquiciadas madres. 


Más allá de estos hechos dolorosos lo importante es que no se sigan repitiendo,  que encontremos la manera de prevenirlos y ojalá de erradicarlos. Ya es un avance que las reacciones no estén concentradas únicamente en el castigo y la aplicación de la ley y sí en la búsqueda de soluciones integrales que contemplen la acción cercana a las familias, y en especial aquellas donde la mujer lleva la principal responsabilidad. La pobreza  y el crimen organizado son dos lastres que hacen la tarea más difícil. Una primera y saludable decisión es que las reacciones no vayan al  ritmo, por lo general sensacionalista y fragmentado, que los medios le imprimen a su cobertura informativa.


A inicios de este mes la representante especial del Secretario General de las Naciones Unidas para la violencia contra la niñez, Marta Santos Pais,  presentó su  informe periódico reconociendo los esfuerzos que hacen los países para prevenir o eliminar la violencia contra los niños.  Sin embargo, menos del 20% de los gobiernos, según el informe, manifiestan contar con planes integrales. Muchos reconocen que  los marcos de acción que manejan son fragmentados y como consecuencia de ello tienen brechas que restringen capacidades de proteger mejor a sus niños y adolescentes. 


El gobierno Santos apunta a tres desafíos altamente sensibles: articular la acción de todas las instancias del Estado garantizando su acción conjunta, asegurar el acompañamiento de las acciones para ver, en la práctica, a dónde conducen ellas y qué se está consiguiendo.  En tercer lugar, contar con información oportuna y confiable que permita orientar, con base sólida, las decisiones que se tomen. En el caso de Colombia, aunque la información de Medicina Legal es útil, el bajo número de denuncias que recibe es una sólo una débil señal de lo que realmente ocurre en el país.


No se puede perder de vista que Medellín viene haciendo la tarea y se mantiene alerta a los hechos que la realidad le impone para ajustar lo que sea necesario como seguramente habrá de hacerlo. 


De lo que se trata, al final de cuentas, es de seguir en el arduo camino hacia una sociedad que rechace la violencia desde el inicio de la vida y le cierre las puertas a su aceptación pasiva o complaciente.