Columnistas

La negociaci髇 va mal
Autor: Alfonso Monsalve Sol髍zano
27 de Enero de 2013


El proceso de negociaci髇 avanza con dos actores que juegan diferentes roles, que no favorecen al pa韘, sino a la guerrilla.

 


El proceso de negociación  avanza con dos actores que juegan diferentes roles,  que no favorecen al país, sino a la guerrilla.


En primer lugar, dilapidó la victoria militar que permitió que una guerrilla derrotada tomará un muevo aire y la iniciativa política. En esas condiciones la ventaja estratégica, militar y política, que el Estado colombiano tenía se malbarató hasta el punto de que hoy la guerrilla se fortalece militarmente -sólo como ejemplos, el tráfico de armamento desde el Ecuador o la quema de un vehículo en una zona de Urabá, donde hacía mucho rato no podían levantar cabeza; la presión que ejerce sobre el Cauca, a costa del asesinato de líderes indígenas que no se someten a su férreo control - pero sobre todo, está ganando la guerra política porque el gobierno entró perdiendo desde el principio al aceptarlos como una de las partes, negociar con ellos puntos cruciales de la agenda nacional y asegurarles la impunidad.


Pierde desde el principio, al pedir la mediación de Chávez, que por supuesto puso condiciones que únicamente favorecerían a la guerrilla, su aliada estratégica. Es decir, puso como mediador a la contraparte. ¡Y ahora, avala el golpe de Estado de Maduro y Jaua para seguir contando con la mediación venezolana pro-Farc!


Por otra parte, el gobierno proclama a los cuatro vientos que nuestras Fuerzas Armadas están a la ofensiva y que mantendrá la presión militar hasta el final feliz de la negociación. Rechaza el cese bilateral al fuego, como una manera de mantener la presión militar para poder ganar espacios en la negociación política de la Habana, porque proclama que mientras más debilitada esté la guerrilla, menores serán sus pretensiones.


Este enunciado sería cierto, si de verdad el gobierno estuviera a la ofensiva, pero esto es ilusorio porque ¿cuál militar combatirá con entereza y valor, si sabe que mientras él puede perder la vida o ser secuestrado, o puede caer en cualquier momento en la kafkiana red de la justicia colombiana, con una alta probabilidad de que sea condenado a una larga pena luego de que testigos falsos y una red de organizaciones, que viven de los juicios y depredan al Estado, le hagan un montaje del que difícilmente podrá librarse, su enemigo pronto será amnistiado?


Pero, además, porque si es cierto que hay una ofensiva militar gubernamental, ésta no se refleja en la mesa de conversaciones. Al contrario, con tal de llegar a un acuerdo, el gobierno hace hasta lo imposible por lavarle la cara a la guerrilla, pasando de agache graves atentados y contra la población civil y personas de la oposición, como ocurrió con el  intento de asesinato del doctor Fernando Londoño (donde murieron dos de sus escoltas y quedaron heridos más de 50 inocentes transeúntes; y sucede ahora con las amenazas de muerte a los sindicalistas independientes de Urabá, por parte de la guerrilla y el simultáneo desmonte del sistema de seguridad personal que les prestaba el Estado).


Como la estrategia gubernamental está diseñada para fracasar en la guerra política, está siendo derrotado en la guerra de las comunicaciones. Columnistas de oposición han sido sacados por los mismos medios que tienen la osadía de firmar una declaración en defensa de la libertad de prensa.


Y obsérvese que mientras que las Farc se presentan diariamente como defensores de los pobres de Colombia, los delegados gubernamentales la emprenden con respetables dirigentes gremiales, por el delito de criticar y demostrar su escepticismo. Así,  la guerrilla presenta con bombos y platillos su política agraria, mientras que no se sabe cuál es la posición del gobierno al respecto. Y entonces, nos tenemos que tragar, por ejemplo, que la deseable seguridad alimentaria, que es la garantía de que la población tendrá acceso a una alimentación sana, se confunda con la soberanía alimentaria, que implica que todos los alimentos de los colombianos deben producirse en el país, algo que es completamente absurdo e imposible, por razones de eficiencia productiva: es importante que el país produzca un importante número de alimentos, los de cultivos altamente productivos en nuestros suelos, pero habrá otros que es más eficiente y conveniente importarlos. Con propuestas falaces como la de la soberanía alimentaria, las Farc se presentan como los paladines de los derechos de los colombianos, mientras el gobierno legitima todas estas propuestas y, por ende a la Farc, que demuestran que su causa es “justa” mientras esconden  todas sus atrocidades y crímenes. ¡Pobre país!