Columnistas

Comedia en Caracas
Autor: Sergio De La Torre
27 de Enero de 2013


Lo que sucede ahora en Venezuela era predecible, como si hiciera parte de un libreto que ya nos sabemos de memoria de tanto repetirse en todo el mundo.

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Lo que sucede ahora en Venezuela era predecible, como si hiciera parte de un libreto que ya nos sabemos de memoria de tanto repetirse en todo el mundo. La salida que se le ideó a la crisis, causada por la no comparecencia y posesión de Chávez en Caracas, fue tan enrevesada que los propios chavistas (que, en privado, siguen apegados a la ley y no son tan escasos como se cree, así prefieran callar por miedo a las retaliaciones) deben estar rezongando por tanto  descaro y frescura como mostró la que allá funge como Corte Constitucional, al permitir el traspaso del timón a un vicepresidente que no lo es, de parte de un presidente que tampoco lo era en la ocasión, por no haberse juramentado debidamente. De donde resultó  que hoy Venezuela esté regida por un usurpador, escogido por Chávez, pero a instancias de Castro, que es quien finalmente mueve los hilos del poder en Caracas, en una coyuntura en la que el coronel, reducido a la impotencia, está a su merced, según todo lo indica.


Maduro, pues, no es más que un títere. Cuando asistimos a un teatro de marionetas, solemos aplaudir al títere que nos entretiene, y nunca indagamos por el titiritero, que es el verdadero artífice de la función. ¡Buscad al titiritero!, sería el consejo apropiado para quienes se dejan llevar por la primera impresión que desde sus variados escenarios (la política, la economía, u otros, según sea el caso) genera la sociedad.


Pero no nos desviemos del tema. A menos de dos semanas del golpe de estado de Caracas (y la pantomima montada cuando una muchedumbre de adherentes reclutados en las oficinas públicas presta, en coro, el juramento de posesión en ausencia del titular del cargo) era previsible que al agravarse la crisis, aumentar la confusión y decidir la oposición salir a la calle a protestar contra el imperio de la ilegalidad que se pretende instaurar, era previsible, repito, e inevitable, que Maduro, acolitado por el sonriente Diosdado (muy pendiente éste de la oportunidad de desplazar al otro, acaso cuando el coronel termine de morir, y así deje de servirle de escudo y parapeto) optará, Maduro, por denunciar un falso complot de “la derecha”, para matarlo a él o a Diosdado. ¡Vaya enredo!


El ex canciller Maduro complicó tanto el novelón, que más parece una trama de Agatha Cristie, en clave de conspiración política y realizada en El Caribe. Según él, el primero de los dos en caer, aparecería ante el mundo como víctima del sobreviviente, quien, eliminado su rival, accedería, en regla, al solio de Bolívar (tan manoseado el pobre prócer, como glorificado, apunto yo) y, dado el caso, asumiría la candidatura presidencial. ¡Vaya truculencia, e imaginación para urdir tramoyas y tejer intrigas la de  estos  discípulos  del Comandante! Quien, por lo visto, y contra todas las apariencias, era más coherente que ellos, cuando aún se le oía.


En próxima ocasión intentaremos dilucidar adónde conduce, desde  nuestra perspectiva, esta denuncia intempestiva y rocambolesca. Y cómo ella no hace más que replicar el viejo y manido truco a que acuden las dictaduras en aprietos para acallar la crítica y reducir la oposición al silencio, cuando se sabe que la razón la asiste. Evocaremos el incendio del Reichstag (o parlamento alemán) a manos de los nazis recién llegados al poder por la vía del sufragio, para, culpando a Dimitrov, enjuiciarlo, y para pulverizar a la izquierda y el centro liberal en los años treinta. Para completar el espectro político, demostraremos cómo la tal estratagema tampoco es ajena a la  izquierda gobernante cuando, presa del maximalismo y la utopía, sucumbe al ardor redentorista, que no logra atemperar y menos racionalizar. Hablaremos entonces de las purgas de Stalin, el genocidio monstruoso y gigante de Pol Pot en Camboya y la revolución “cultural” de Mao y su consorte en China.


El complot advertido por los nuevos jerarcas venezolanos es apenas un plagio de lo enumerado atrás, solo que concebido en el Trópico y acompañado, por ende, de las pintorescas y divertidas especificidades  de éste.





Comentarios
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Jose
2013/01/27 07:16:59 am
Se駉r, me gustar韆 que le preguntara al Pueblo-Pueblo que opina del Gobierno de Chavez, y es l骻ico todos los Gobernantes tiene que tener T韙eres, Caso del "se駉r Uribe": los periodistas de este pais y todo su s閝uito como el "se駉r" Gaviria...