Columnistas

Los “Santos eco-especuladores”
Autor: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
26 de Enero de 2013


Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. Sólo el mar estaba en todas partes.


Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. Sólo el mar estaba en todas partes.  El mar era la madre. Ella era agua y agua por todas partes y ella era río, laguna, quebrada y mar y así ella estaba en todas partes. Así, primero sólo estaba La Madre. Se llamaba Gaulchováng.  (Mito Kogui de la creación)


Y un pájaro metálico sobrevoló las tierras sagradas de los koguis, arahuacos, wiwas y kankuamos y depositó sobre la formación montañosa litoral más alta del mundo, una caravana blanca llegada de una  gélida meseta ubicada a 2600 metros más cerca de las estrellas, con la promesa de ser los guardianes del Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta y del Parque Nacional Natural Tayrona. 


El ungido recibió de los mamos el  bastón de mando, dos hilos de algodón y  un collar con cuatro piedras  para que cimentara con ellos sus ideas ambientales y proteccionistas.  Y locutó sobre la importancia de preservar la tierra y el agua asegurando que la sabiduría de los indígenas serían su luz y su guía durante su gobierno.


A su regreso al palacete que lo alberga, las estrellas lo marearon y sus promesas se diluyeron en las aguas del mar Caribe, el mismo que es custodiado por la montaña de la que acababa de descender.  Y anunció entre bombos y lentejuelas que un grupo de “eco-amigos”, privatizadores, poderosos y muy ricos, construirían un hotel siete estrellas (las mismas de la gélida meseta) en el norte del parque Tayrona, el mismo que lo recibió y prometió defender.


Y sus “eco-amigos”  en manguala con inversionistas extranjeros, por arte de birlibirloque hicieron desaparecer las comunidades indígenas del sector Arrecifes-El Cabo del parque en mención, a través de un grupeto denominado Consulta Previa, el mismo que le consultó previamente a los amigos del ungido si era necesario hacerlos desparecer, para no tener que consultarles a los cuatro cabildos como autoridades únicas y tradicionales. Hasta el alba de hoy, el proyecto se pasea por las oficinas del Ministerio del Medio Ambiente y la Agencia Nacional de Licencias Ambientales como un fantasma burlón en espera de que los rezos de los “eco-amigos” del ungido venzan al áyu de los mamos.


Y los mamos convocaron a la ceremonia de la aseguranza para espantar los malos espíritus, la enfermedad, la tristeza y la ruina, pero sus dioses siguen sin escucharlos.  Un “eco-andino” bendecido de abogado, periodista, analista y otras artes más poderosas que las de los dueños de las montañas sagradas, apareció con sus Ciruelos entre las manos, anunciando que este país está lleno de un montón de eco-tarados porque se oponen al desarrollo de su  hotel y anunció que a como dé lugar iniciará la construcción de éste, porque sus conocimientos jurídicos, su poder económico y el de un montón de amigos del ungido (los santos eco-especuladores) así lo dictaminan.


Durante la noche y por los senderos pedregosos de la sierra, cobijados por el poder de haba, la Gran Madre, caminan y caminarán los koguis arahuacos, wiwas y kankuamos recolectando toneladas de basura que han dejado y dejarán por años los hombres blancos en su delirantes viajes ecoturísticos, los mismos que se han apoderado de estas tierras sagradas desde hace muchos años y que se han convertido en verdaderos “santos eco-especuladores” con la anuencia del ungido.