Columnistas

Los héroes de la retirada
Autor: Dario Valencia Restrepo
24 de Enero de 2013


En 1989 el periódico español El País publicó un texto de Hans Magnus Enzensberger titulado “Los héroes de la retirada”.


En 1989 el periódico español El País publicó un texto de Hans Magnus Enzensberger titulado “Los héroes de la retirada”. Empieza el artículo por referirse a los héroes del pasado solo preocupados por la conquista, el triunfo y la megalomanía, para señalar que desde hace más de un siglo la literatura se ha olvidado de esas figuras míticas que ella misma había contribuido a crear. Anota que, sin embargo, los políticos de ahora siguen aferrados a un esquema clásico del heroísmo, tan encogido que bastaría comparar líderes del pasado con actuales.


Introduce luego Enzensberger otro tipo de héroe más importante, que no representa el triunfo o la conquista sino la renuncia, la demolición y el desmontaje. Como la retirada es la operación más difícil de todas, este diferente protagonista adquiere una grandeza que se deriva de la compleja misión que enfrenta al abandonar sus propias posiciones. La dimensión moral de su acción implica que el clásico esquema heroico no sólo tiene que ser revisado sino invertido. Considera dicho autor que el nuevo paradigma ha encontrado su realización en algunas dictaduras y para el efecto cita los casos de Nikita Kruschev, cuando en un discurso de 1956 denuncia las atrocidades del estalinismo y comienza el desmonte del imperio soviético, y del húngaro Janos Kadar, quien después de pactar en 1956 con las tropas soviéticas de ocupación se dedica a enterrar lentamente la autocracia del partido comunista.


Por su parte, en el extraordinario libro “Anatomía de un instante”, Javier Cercas habla de unos héroes de la retirada o de la deslealtad al ocuparse de tres protagonistas de la transición española: Suárez había sido un arribista colaborador leal del franquismo y ahora se había convertido en su principal liquidador y artífice de la legalización en 1977 del partido comunista; el antiguo teniente Gutiérrez Mellado había ayudado a sublevar su unidad en 1936 contra el gobierno legítimo de la República y ahora estaba encargado de modernizar el ejército y alejarlo de la política; y Carrillo, líder del principal partido de oposición a la dictadura, impuso a sus copartidarios en 1978 el abandono de los principios leninistas para colaborar con la transición. Son tres héroes que traicionan los ideales de su pasado porque consideran que deben contribuir a la construcción de un futuro mejor para su país.


Afirma Cercas con respecto a los tres personajes anteriores: “Por eso muchas veces se oyeron llamar traidores. En cierto modo lo fueron: traicionaron su lealtad a un error para construir su lealtad a un acierto; traicionaron a los suyos para no traicionarse a sí mismos; traicionaron el pasado para no traicionar el presente. A veces sólo se puede ser leal al presente traicionando el pasado. A veces la traición es más difícil que la lealtad. A veces la lealtad es una forma de coraje, pero otras veces es una forma de cobardía. A veces la lealtad es una forma de traición y la traición una forma de lealtad. Quizá no sabemos con exactitud lo que es la lealtad ni lo que es la traición. Tenemos una ética de la lealtad, pero no tenemos una ética de la traición. Necesitamos una ética de la traición. El héroe de la retirada es un héroe de la traición.” 


Pero en otras latitudes existen también héroes de la retirada. El presidente Franklin D. Roosevelt logró desafiar a su familia y a su clase social para convertirse en el presidente más reformista de la historia de los Estados Unidos. Sus programas asignaron un gran poder al Gobierno Federal con el fin de ayudar a desempleados y pobres, enfrentar la Gran Depresión y reformar el sistema financiero. Ha sido entonces considerado como un “traidor de su clase”. 


El lector podrá haber advertido que en nuestro país existe en la actualidad, por fortuna, un conspicuo héroe de la retirada.