Columnistas

Oprobio Laboral
Autor: Rubén Darío Barrientos
24 de Enero de 2013


El 27 de septiembre del año que acaba de terminar, 48 trabajadores de la empresa “R y R Asociados” de Itagüí (que estaba dedicada al recubrimiento con caucho de rodillos) se tomaron la empresa para exigir el pago


El 27 de septiembre del año que acaba de terminar, 48 trabajadores de la empresa “R y R Asociados” de Itagüí (que estaba dedicada al recubrimiento con caucho de rodillos) se tomaron la empresa para exigir el pago de 8 quincenas de salario y 6 meses de seguridad social. Los dueños les dijeron a los humillados operarios que vinieran al día siguiente por el billete. No hubo tal, porque la engañifa condujo a que los propietarios se volaran y dejaran a sus subordinados viendo un chispero. Hace una semana, el Esmad efectuó el desalojo, en medio de grandes disturbios y 4 heridos de parte de los manifestantes.


El tema no resiste posiciones ni adscripciones sindicales o patronales: se alinea en una inmensa inequidad social. No puede ser posible que estos 48 trabajadores, la mayoría con más de 20 años de servicios, terminaran burlados por unos prófugos que poco les importó el hambre de sus servidores. Desde la toma de Industrias Colibrí, no se veía un  caso tan desolador en materia laboral. La diferencia estriba en que los trabajadores de esta empresa, recibieron maquinaria y equipos en dación en pago, creando ComColibrí. Los dueños dieron la cara y no emprendieron las de “Villadiego”. Paños Vicuña, igualmente se salvó por un acuerdo para maquilar a terceros. También hubo gente que estuvo presta al arreglo.


Pero en “R y R Asociados” campearon mentiras, trampas y fugitivos. Las autoridades retiraron la maquinaria de las instalaciones, esfumándose la prenda general de los acreedores laborales. Este caso no se puede mirar desde el prisma obrero-patronal, sino desde el ángulo universal de unas fatídicas personas sin escrúpulos. Siempre nos han dicho que los salarios son sagrados, pero aquí se profanaron. No es pretender pagar si no hay fondos para hacerlo, sino sentarse responsablemente a buscar fórmulas que superen la situación. Todo pasó, pues, por la indignidad, la vileza y la abyección.


Visualmente, vinieron a mi memoria: huelgas, carpas, sancochos y liquidaciones de empresas, en donde mayoritariamente la terquedad de los trabajadores volvió añicos las infraestructuras empresariales de Editorial Bedout, Tejidos Leticia, Compañía de Empaques, Shellmar, Pepalfa, Balalaika, Hilanderías Medellín, Curtimbres Sabaneta y Gacela, entre otras. Por eso, no quiero entrar en las controversias de las razones frente a las sinrazones. No conozco qué agua mojó la empresa de Itagüí. Lo que sí es real es que los débitos salariales y de seguridad social acumulados, son una completa ignominia. Y frente a no encarar el grave hecho, por los amos del aviso, solo cabe la palabra cobardía.


No me explico cómo en una época relativamente reciente, el Alianza Petrolera llegó a adeudarles a sus jugadores la friolera de 16 quincenas; el Deportivo Rionegro, 12 quincenas y el América de Cali, también 12 quincenas. ¿Cómo sobrevivieron estos muchachos, que jugaban por amor al arte? Cuando una compañía entra en franca bancarrota debe actuar de inmediato, para no dejarle tomar ventaja a la hecatombe. Variables hay, posibilidades existen, respaldos deben aflorar. Se tienen que mezclar la velocidad mental con la decisión de los empresarios.


Cada día la ética sucumbe. Porque este caso, repito una vez más, no tiene connotaciones de estar del lado de los trabajadores ni de los empresarios: la salida era la honestidad, la misma que estuvo ausente en este insuceso de Itagüí.