Editorial

Mercurio, un enemigo silencioso
23 de Enero de 2013


Se cae de su peso la importancia de la nueva Convención sobre Mercurio, pero nos preocupan los términos tan cortos y perentorios en los que se pretende obtener resultados.


La Convención sobre el Mercurio, acogida el sábado pasado en Ginebra por representantes de 140 países -Colombia entre ellos- es la culminación de una serie de iniciativas planteadas en el seno de la Organización Mundial de la Salud por distintos gobiernos y organizaciones ambientalistas, encaminadas a la aprobación de un instrumento que fuera legalmente vinculante para todos los estados que lo suscriban. 


En la Conferencia de Ginebra reunida la semana pasada, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente -Pnuma- presentó una exhaustiva investigación sobre el estado de la cuestión en el mundo, y una de las conclusiones más preocupantes, sobre todo porque compete directamente a Colombia y, en particular, a Antioquia, es que las emisiones de mercurio a causa de la minería artesanal se han duplicado desde 2005, entre otras razones por el alza de los precios del oro en el mercado mundial que ha disparado esa actividad, especialmente en África, Asia y Sudamérica. Calcula el organismo que el uso de mercurio para separar el oro del mineral, en la minería a pequeña escala, es responsable de la emisión anual a la atmósfera de 727 toneladas de mercurio, el 35 % del total mundial. 


En materia de control de la contaminación mercurial de fuentes de agua por la explotación irracional de la minería de oro, Colombia tiene un desafío enorme. Un reciente estudio de la Universidad Nacional mostró concentraciones de mercurio muy superiores al límite establecido por la OMS en cinco especies de peces de alto consumo humano en la bahía de Buenaventura, debido a las aguas contaminadas del río Dagua. En Antioquia, donde se produce la mitad del oro del país, lamentablemente los riesgos de sufrir los efectos de una intoxicación por mercurio son altos entre la población de Segovia, Remedios, Zaragoza, El Bagre y Nechí. Hace varios años, con ayuda de la Onudi, se adelantan campañas con las autoridades locales, comerciantes y mineros, para retirar de los centros urbanos los llamados “entables” o beneficiaderos, mejorar su tecnología y prohibir que en las compraventas de oro hagan procesos de separación con mercurio.


La otra fuente de contaminación es el mercurio liberado al ambiente cuando se rompen o no se disponen convenientemente elementos como lámparas fluorescentes, termostatos e interruptores; o en la práctica médica los termómetros, tensiómetros y otros dispositivos diagnósticos. Antes de la Convención, ya se venían registrando avances importantes en la eliminación voluntaria de estos últimos en hospitales, clínicas y centros de salud, gracias a que ya se producen sustitutos de esos equipos con tecnología digital, de alta precisión y a costos competitivos. El objetivo es reducir su demanda mundial en un 70 % antes del 2017.


Se cae de su peso la importancia de la nueva Convención, pero nos preocupan los términos tan cortos y perentorios en los que se pretende obtener resultados. Por ejemplo, otro de los acuerdos es que a partir de 2020 deben estar totalmente prohibidas la producción, importación y exportación de artículos industriales y de uso doméstico y médico que contengan mercurio. Nos despierta serias dudas que en tan solo siete años los países signatarios vayan a estar preparados para dejar de producir y sacar del mercado cientos de artículos de uso común y bastante extendido, o erradicarlo de la pequeña minería, porque aparte del tema ambiental y de salud hay que considerar el impacto económico y social de una medida como esa, especialmente en el mundo en desarrollo. 


Por lo pronto, celebremos que después de diez años de arduas negociaciones se haya conseguido un compromiso global que tendrá que ser ratificado y convertido en Ley en cada país, antes de convertirse en instrumento efectivo para reducir hasta donde sea posible el uso del mercurio en la industria, la medicina y la explotación artesanal del oro, principalmente, y resolver de paso los problemas de almacenamiento y eliminación del material de desecho.