Columnistas

¿Se dirá ‘venezuelizar’ o ‘venezolizar’?
Autor: Alvaro T. López
22 de Enero de 2013


No es un tema menor la elección de un presidente. Para el caso de Colombia hay unos requisitos, mínimos si se atiende la dimensión del tema, pero entendibles si lo que se quiere es auscultar la voluntad popular acerca de las calidades del gobernante.


No es un tema menor la elección de un presidente. Para el caso de Colombia hay unos requisitos, mínimos si se atiende la dimensión del tema, pero entendibles si lo que se quiere es auscultar la voluntad popular acerca de las calidades del gobernante. No parece posible que nuestra nación, por lo menos la actual, soporte tantas mentiras, tantas violaciones normativas, tantas manipulaciones, como la hermana república de Venezuela, que atraviesa por la penosa situación del interregno generado por la vacancia en la presidencia de la república, de cuyo titular electo no se sabe sino lo que los usurpadores quieren decir, sin que haya una autoridad nacional o internacional que les exija una efectiva solución a la ocurrencia más oprobiosa que se puede vivir en una organización estatal.


Antes de que el unanimismo mediático se apodere de todas las mentes del país, antes de que los editorialistas tengan que pedir permiso a la oficina de prensa de Palacio, antes de que la lavadora de cerebros nos deje sin voluntad, hay que implementar mecanismos que nos permitan a los colombianos conocer el verdadero estado físico y mental de los que aspiran a presidir el Estado. Ya nos sucedió con el señor Vicepresidente, de quien no se ha dicho si, en caso de falta definitiva del propietario, puede o no asumir la Presidencia, luego de la serie de vicisitudes clínicas que ha sufrido entre los que hubo un accidente cardiovascular que lo podría inhabilitar para cualquier actividad intelectual. Cuando se trata de la Nación, cualquier medida es poca para garantizar su estabilidad.


Parece razonable que los gobernados conozcamos a ciencia cierta la verdad sobre nuestros mandatarios. El otro día salió el presidente Santos a decir que estaba completamente curado del cáncer que había padecido, y la verdad es que debimos prender las alarmas para que no nos pase lo de Venezuela, donde ni siquiera el principio de la desinvestidura automática ha sido respetado. El presidente Chávez dejó de serlo el día que se cumplió su periodo constitucional, debía iniciar uno nuevo, con una nueva posesión. Lo que parecía claro ya no lo es por cuenta de una clase política a la que se le han permitido todos los desmanes y todas las mentiras, como la de investir a ciudadanos con dignidades tan importantes como la de Canciller, acudiendo a la falsedad.


Volviendo a lo nuestro, en aras de la salud de la Patria, es importante que nuestros legisladores, nuestros magistrados, nuestros órganos de control, y hasta la misma Presidencia, nos garanticen que no habrá entre nosotros otro caso de error en la persona, tratándose de la elección del presidente. Necesitamos certeza acerca de que los candidatos no presenten síntomas de enfermedades que amenacen el ejercicio del cargo durante el tiempo para el que aspiran a ser elegidos. Ofende la visita de nuestra oronda Cancillera al espurio gobierno venezolano, y rezamos para que no se trate de recibir capacitaciones y consejos acerca de cómo timarnos de nuevo, como ocurrió con el doloroso caso del mar de San Andrés. ¡Que Dios nos proteja!