Columnistas

La Bogotá destruida
Autor: Dario Ruiz Gómez
21 de Enero de 2013


Comencemos precisando cuál ha sido el discurso sobre las ciudades de la izquierda colombiana. Ya la Alcaldía de Lucho Garzón puso de presente que frente a las problemáticas urbanas se respondió con el populismo


Comencemos precisando cuál ha sido el discurso sobre las ciudades de la izquierda colombiana. Ya la Alcaldía de Lucho Garzón puso de presente que frente a las problemáticas urbanas se respondió con el populismo: ese cuadro apocalíptico de miles y miles de vendedores ambulantes ocupando las aceras, los semáforos, invadiendo espacios privados a nombre de un supuesto derecho histórico; los miles y miles de millones desaparecidos para purificar las aguas del río Bogotá; la incapacidad para hacer frente a las urbanizadoras piratas que ocupan casi el 60 % del espacio urbano; el problema de bordes olvidados como el Sumapaz. En la Alcaldía de William Jaramillo la invasión del Centro por miles de venteros demostró que la creación de estos se hizo con fines electoreros y se comprobó, como en la Bogotá de Lucho, la explotación de los venteros a través de las mafias del contrabando y no, pues, como expresión de una respuesta al desempleo creando una economía informal.


La demagogia actuó de manera perversa avasallando el comercio establecido, que paga sus impuestos, y abriendo las puertas a uno de los peores problemas que afronta hoy la justicia y el desarrollo de las ciudades: la cultura de la ilegalidad manipulada a su antojo por el capital especulativo y ciertos funcionarios municipales al servicio de estos. ¿Para qué Planes de Desarrollo, Planes de Ordenamiento Territorial, planteamientos sobre vías integradoras, sobre vivienda social de calidad previamente urbanizada?


La Alcaldía de Samuel Moreno Rojas dejó al desnudo y en toda su dimensión histórica el mayor flagelo de la vida pública colombiana: el contratismo que los empresarios de derecha habían utilizado como un derecho y que estos representantes de la izquierda supieron utilizar para fines propios de lucro. ¿En dónde viven los dirigentes de izquierda, acompañando en su soledad y desamparo a los pobres de la ciudad o en casas y apartamentos de lujo? ¿Por qué los urbanistas de izquierda le sacaron el cuerpo a resolver el grave problema del hacinamiento y degradación de los desplazados de Ciudad Bolívar?


Los problemas de vivienda, de vías, de conservación del medio ambiente, de economía urbana constituyen el tema de disciplinas específicas que el improvisado funcionario, nombrado no por sus conocimientos al respecto sino por ser parte de la milimetría politiquera que se ha apoderado hoy de las ciudades, no es capaz ni de advertir ni de solucionar. La chambonada es la bofetada que esta improvisación le da a los urbanistas, planificadores, paisajistas, que llegaron a hacer de Bogotá, bajo Mockus y Peñalosa, una ciudad moderna donde los parques y bibliotecas, los amplios paseos peatonales, el arbolado, establecieron las pautas a desarrollar para integrar el sur y los barrios deprimidos, para suprimir la peligrosa antinomia sur vs. norte con sus connotaciones clasistas, o sea para fortalecer lo fundamental: el tejido urbano, que fue lo que los improvisadores de Petro han terminado por destruir irracionalmente, por desmembrar, aislando entre sí los diferentes sectores, dejando sin mantenimiento los senderos peatonales y la función de los distintos monumentos y edificios culturales y llevando el tráfico a la deriva.


O sea que la planificación y reconocimiento de un territorio se hace imposible ante la improvisación de los funcionarios y ante el hecho de que los contratistas que reciben jugosos beneficios por anticipado impiden que el ordenamiento y planificación de estos territorios se lleve a su término, pues los intereses privados de estos contratistas están por encima de los intereses de la ciudad. Es lo que pone en evidencia una joven urbanista en una investigación denominada “Desmembración y desterritorialización de las ciudades colombianas”. ¿Dónde están los llamados Centros Alternativos que deben partir del reconocimiento del afianzamiento de unos barrios con vida propia? Visitar hoy en Bogotá el barrio de la Candelaria es para sentarse a llorar. Y, como en los casos de Medellín y Cali, supone el abandono y la entrega a los delincuentes de espacios conquistados y cualificados por la vivienda y el comercio tradicional. La demagogia puede destruir una ciudad tal como lo comprueba el caso de Bogotá.