Columnistas

Trabajemos por un mañana
Autor: Mariluz Uribe
21 de Enero de 2013


Qué tal les parece crear un programa especial para proteger la mente y el cuerpo de los niños, pues una de las varias cosas que no enseñan en el colegio es a criar y a educar

 


Qué tal les parece crear un programa especial para proteger la mente y el cuerpo de los niños, pues una de las varias cosas que no enseñan en el colegio es a criar y a educar, a pesar de la alta probabilidad de que chicos y chicas se conviertan en padres y madres... Es necesario tener presente que esos niñitos que ahora, en el mejor de los casos, están en manos de padres y madres, tendrán mañana el mundo en las suyas, y debemos contribuir a ver si ellos hacen con él algo mejor de lo que hemos hecho nosotros hasta hoy. Si no sucede así, la culpa es nuestra, de los que educamos, maleducamos o lo que sea. Pues nada nace ni aparece solo, todo viene de algo y de alguna parte. No hay disculpa. Eso de la “generación espontánea” está pasado de moda, con seguridad, desde Louis Pasteur. El importante -y descuidado- aprendizaje de “bien-educar a los hijos” no es solo para las mamás sino también para los papás, pues todavía algunos de estos creen que su deber consiste solamente en llevar plata para el gasto de la casa, y eso.


Es posible que el sentido paternal se desarrolle en los hombres más tarde que en las mujeres, pues cuando las niñas están jugando a las muñecas y desde los ocho años son capaces de atender a los hermanitos menores, los niñitos siguen jugando con carritos, o a la guerra... Y más ahora con los ejemplos que reciben de las películas de anti-amor presentadas en cine y televisión y de los juegos de Internet, donde por cierto ha habido firmas fabricantes de armas que han utilizado espacios vecinos a los juegos para hacer propaganda de sus productos, según salió en el New York Times que trajo El Espectador, el 4 de enero  pasado.


Lo mismo que las hijas, los hijos hombres también necesitan ser guiados por un Modelo Viviente, no por una teoría sobre “lo que hay que ser y hacer”, siempre iniciado por la inútil y contraproducente palabra NO: “No hagas, no digas, no pienses, no creas, no seas... no y no”.


Es urgente enseñar en forma positiva: “Esto conviene, esto es bueno, esto resultará bien, hagámoslo así. Sí, muy bien. Sí, te felicito”.


Y es necesario aprender que se vive en un mundo formado por seres diferentes, donde cada uno es único y reconocer que cada uno es como es y hay que adaptarse a que es así; tal vez los ángeles estén cortados por la misma tijera, pero los humanos no lo estamos.


Conviene tener muy presente que la vida de los hijos estará hecha y diseñada de acuerdo con la confianza y la estima que los hayan unido a sus padres.


Y recordar que es necesario comenzar por la época del embarazo: Choques físicos o emocionales recibidos por la futura mamá influirán negativamente  en el desarrollo del niño. Sin aislarse en jaula de cristal, es necesario que esos meses de la espera sean placenteros. Si hasta idiomas aprenden los niños en la barriga de la mamá. Me consta. Y si no son deseados, captan todo lo que se diga al respecto y ello influirá en la forma como serán y actuarán después en la vida. También se darán cuenta desde allí de las peleas de los papitos y las mamitas, en el sentido lógico de la palabra. (No en el que usan ahora los novios para decirle a las novias: “mamacita”, porque seguro no la tuvieron. Y ellas a ellos, mismo caso.)