Columnistas

El engaño
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
20 de Enero de 2013


En el diccionario de la Real Academia de la lengua, RAE, se define la palabra “engaño” como “Falta de verdad en lo que se dice, hace, cree, piensa o discurre”.


En el diccionario de la Real Academia de la lengua, RAE, se define la palabra “engaño” como “Falta de verdad en lo que se dice, hace, cree, piensa o discurre”. Esta palabra tiene, en uno de sus usos, una connotación negativa porque presupone que alguien dice o hace algo como instrumento para mentir, ocultar o desinformar, para obtener un determinado fin de quien es engañado.


La interacción humana es muy compleja, y por tanto, el lenguaje para poder expresarla también lo es. De hecho, la maravilla del lenguaje radica en que con un número finito de sonidos y de palabras podemos expresar cualquier idea, infinitas ideas, concepciones, sentimientos, verdades, falsedades, preguntas, lo que sea. Y para poder hacerlo, y dado que el número de palabras es finito, una de ellas puede tener diferentes significados, algunos de ellos, incluso contradictorios, como la famosa palabra de Juanes que denominaba de manera vulgar los genitales de las mujeres, pero que él popularizó para señalar lo que es bello.


Las palabras no tienen en sí mismas connotaciones morales, estéticas, etc., es el uso, dentro de un contexto el que se las otorga. En el mundo de la filosofía política y de la práctica política, muchos filósofos y políticos han criticado el adagio atribuido a Maquiavelo, “el fin justifica los medios”, queriendo con ello decir, por ejemplo, que no es lícito engañar para obtener un fin. 


En principio, la verdad y la transparencia deben ser la norma. Pero la realidad es más compleja. Clausewitz (y antes de él muchos teóricos de la guerra, definieron esta actividad como la continuación de la política por otros medios (el enfrentamiento armado y lo que este implica). El engaño en la guerra es de uso común (Sun Tzu afirmaba que la guerra era el arte del engaño), una forma de desinformar y despistar al enemigo. Cuando los Aliados iban a invadir a Francia desde la Gran Bretaña, el general Eisenhower hizo creer a los nazis que penetraría Francia por Calais, y para ello construyó un ejército de goma y cartón y maniquíes como si fueran soldados. Frente a Calais se concentraron los alemanes que fueron sorprendidos con el desembarco el 6 de junio de 1944 en Normandía. El gran general utilizó también espías incrustados en el alto mando alemán para darle información falsa. El engaño fue tal que todavía el 24 de julio Hitler insistía en que lo de Normandía era una distracción.


En la historia militar de Colombia y del mundo la “Operación Jaque” es otro ejemplo. El ejército colombiano infiltró las comunicaciones del secretariado de las Farc, y haciéndose pasar por este organismo, ordenó a los comandantes que tenían secuestrados a colombianos y norteamericanos en el Guaviare, que los trasladara a un mismo sitio para facilitar al nuevo comandante, Alfonso Cano, comenzar un “intercambio humanitario”. Todo mundo recuerda que el 2 de julio de 2008 utilizaron un helicóptero con el símbolo de la Cruz Roja, se inventaron una ONG y hasta llevaron “periodistas”. Los 15 secuestrados y los dos guerrilleros subieron al helicóptero, el cual llevó a la libertad a los primeros y a la cárcel los segundos. Todo, sin disparar un solo tiro. Estos son ejemplos de engaños realizados para conseguir una causa justa.


Pero hay engaños que tienen objetivos perversos: decirle a todo un país que se continuará con la política de seguridad democrática para que, una vez posesionado, se abra una negociación con el contrincante, es un ardid de marca mayor, pues se engañó a todo un pueblo. 


La pantomima venezolana del 10 de enero, que violentó toda la institucionalidad de ese país para darle continuidad al chavismo, diciendo que no era necesaria la presencia física de Chávez para tomar posesión de su nuevo mandato, es otro engaño de enormes proporciones para obtener el objetivo perverso de mantener al chavismo en el poder, sin tener que citar elecciones por un determinado tiempo.


Este tipo de engaños deshonran a quienes los hacen y convierten la política en un basurero. Afortunadamente la gente entiende cuándo hay un engaño para lograr un fin superior y cuándo para alcanzar un objetivo oculto y contrario al fin que se proponían quienes fueron engañados.