Editorial

Frustración e impotencia
19 de Enero de 2013


Está en lo cierto el presidente Santos: “Tenemos todavía mucha munición para combatir la revaluación”. Crucemos los dedos para que la Junta todopoderosa la dispare antes de que sea demasiado tarde, y no con escopeta de fisto sino con fusil automático


Seis meses atrás, Augura lanzó un SOS al Gobierno y a las autoridades monetarias: “¡No aguantamos más, necesitamos medidas contundentes frente a la revaluación!”. El gremio bananero reclamaba entonces que la constante apreciación del peso, que rapa buena parte de las utilidades, sumada a los altos costos laborales y al endeudamiento, entre otros factores, hacían insostenible la actividad y estaban provocando la pérdida de la competitividad ante países vecinos productores de la fruta.


A ese clamor del empresariado de una de las agroindustrias exportadoras que más genera empleo de calidad, de la que viven 120.000 familias en Urabá, el Magdalena y la Guajira, se sumó en estos días el del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Agropecuaria, Sintrainagro, cuyos directivos aseguran que, sólo en Urabá, se perdieron el año pasado 4.000 empleos y que estarían “a punto de cerrar” otras 32 fincas de banano en las que laboran alrededor de 3.000 personas.


La crisis bananera es apenas un botón de muestra. También los caficultores, los floricultores, la agroindustria exportadora en general, al igual que sectores manufactureros, como el textil y de confección, sufren el impacto de la apreciación incontenible del peso, que al término del 2012 alcanzó el 9%, una de las más altas del mundo. El dólar cerró el año en $1.768,23 y en lo que va del mes de enero se ha mantenido por debajo de los $1.800. Dicen los expertos que la divisa podría bajar incluso a $1.720 y en el mejor de los casos cerrar el 2013 en una cota de $1.750, con una TRM promedio anual entre $1.760 y $1.790. El propio Gobierno reconoce, por boca del ministro de Agricultura, que con una tasa de cambio por debajo de los $1.800 “es muy difícil que el sector agrícola y otros diferentes a hidrocarburos y minería, levanten cabeza” y reclama “intervenciones más aguerridas del Banco de la República en el mercado cambiario”.  


Se está hablando de bajar aún más las tasas de interés y controlar el ingreso de ‘capitales golondrina’ – que aquí erróneamente se consideran inversión extranjera directa -. Son medidas que pueden hacer parte de la solución, pero son coyunturales y de efecto paliativo. La medida estructural, probada en muchas partes, y en la que todos – Gobierno, Banco de la República, Congreso, gremios económicos y expertos en la materia – se han ido poniendo de acuerdo, es la intervención directa del Emisor mediante las compras diarias de divisas en el mercado de capitales. En lo que no acaban de ponerse de acuerdo los responsables de esa política es en el monto de la intervención para que sea realmente efectiva y lo que está mostrando la tozuda realidad es que los resultados han sido pobres, por más que se llenen la boca con que en el 2012 se alcanzó una cifra récord de compras por US$4.860 millones.


Y mientras crece el clamor de las víctimas de la revaluación y las críticas a una política timorata de la Junta del Banco de la República para ponerla en cintura y lograr una divisa más competitiva, sorprende escuchar declaraciones del gerente del emisor en el sentido de que había que mirar la otra cara del fenómeno. El supuesto beneficio para los consumidores “porque se abaratan los precios de productos importados como los televisores, electrodomésticos, carros y motos”. Ofensiva perogrullada que ni un importador neto, como es el comercio organizado, celebra. Esto dijo a propósito a un diario capitalino el presidente de Fenalco, Guillermo Botero: “El comercio es un sector importador y una divisa de $1.780 lo favorece; sin embargo, el daño sobre el sector exportador es incalculable y trae consecuencias terribles sobre la economía nacional. Por lo tanto, esto no se puede tomar con un criterio exclusivista y la revaluación continúa haciendo un daño inmenso a la generación de empleo del sector exportador”.


Está en lo cierto el presidente Santos cuando dice que “tenemos todavía mucha munición para poder combatirla”. Crucemos los dedos para que la Junta todopoderosa la dispare antes de que sea demasiado tarde, y no con escopeta de fisto sino con fusil automático.