Columnistas

Antonio, vendedor de prensa
Autor: Jaime Greiffestein
19 de Enero de 2013


Antonio era un activo expendedor de prensa que manejaba con éxito su negocio en una de las esquinas más estratégicas de la ciudad.


Antonio era un activo expendedor de prensa que manejaba con éxito su negocio en una de las esquinas más estratégicas de la ciudad. Lo conocí porque tenía la particularidad de leer y coleccionar la columna periodística Coloquios, ya que, decía, le servían para la educación de los hijos.


Hubo algo que le dije a Antonio: el oficio de vender prensa es importante porque es un canal  para que periódicos y revistas lleguen al público. Pero con este trabajo se puede hacer mucho bien o mucho mal, según la calidad de las publicaciones que se vendan, y esta es una tremenda responsabilidad. Así como se hace un beneficio a la cultura distribuyendo buena literatura, se hace un mal irreparable a la sociedad con la venta de periódicos y revistas de baja calidad moral, repletos de pornografía y sensacionalismo. 


Le expliqué a Antonio que en todos los negocios hay una ética que prohibe ganar dinero por medios ilícitos: hay actividades muy lucrativas económicamente pero que una persona honesta no puede hacer uso de ellas por ser contrarias a las leyes divinas y humanas. Esto se aplica a la publicación y distribución de mala prensa que atenta contra el bien de la sociedad de la que forma parte uno mismo con su familia, y nadie querrá hacer mal a sus hijos, así gane muchos pesos.


Todos los católicos tenemos responsabilidades en torno a los medios de comunicación, como lo señala Federico Suárez en uno de sus libros: “No puedo disculparme de contribuir al mal cuando apoyo con dinero (aun cuando sea de forma tan modesta como la suscripción a un periódico o revista, o a su compra) a que se propaguen doctrinas contrarias a los principios cristianos; doctrinas que, como el divorcio, el aborto, los anticonceptivos o las relaciones prematrimoniales apartan a los fieles  de los sacramentos y les inducen al mal, al paso que dejo morir publicaciones cristianas con pretextos tan fútiles como inconsistentes, contribuyendo a acabar con medios de comunicación que por su orientación doctrinal podían hacer el bien.”