Editorial

El cornudo lío de la leche
18 de Enero de 2013


Se trata, como dice con su proverbial desparpajo el doctor Jenaro, de “bailar al son que nos toquen y adaptarnos al momento que está viviendo el mundo”, pero sin dejar de exigir las salvaguardias.

Es muy grave la encrucijada en que se encuentra, no solo Colanta sino todo el sector productor de leche, por cuenta de la competencia desleal y ruinosa que implican para la industria las masivas importaciones de leche en polvo, en el marco, por cierto, de acuerdos de comercio suscritos por el país, como es el caso de Mercosur, un grupo del que no somos miembros de pleno derecho sino simples “asociados”, al igual que Chile, Perú y Ecuador.


La problemática de la industria lechera hay que tomarla -valga el símil- por sus dos cuernos. Uno es el aspecto de la competitividad en un entorno mundial de libre comercio, que no por “libre” está exento de reglas y por eso existen en los acuerdos comerciales las cláusulas de salvaguardia, reguladas por la Organización Mundial del Comercio y bajo las cuales se pueden suspender partes de un acuerdo si se demuestra que alteran significativamente las condiciones pactadas, en perjuicio de la producción nacional. Es lo que está pasando con nuestra industria lechera, de la cual depende el trabajo y la subsistencia de 350.000 familias en Colombia, pues, a ciencia y paciencia de las autoridades de Comercio, el sector vio impotente cómo ingresaban, en el 2012, 26.000 toneladas de leche en polvo, provenientes de Canadá, Estados Unidos, España, Argentina, Chile y Uruguay, con un escandaloso incremento del 225 % con respecto a lo importado en el 2011.


La industria, por boca del doctor Jenaro Pérez, gerente de Colanta, reclama medidas efectivas contra la competencia desleal de países que producen con subsidios del Estado y entran su producto a Colombia sin aranceles, bajo el paraguas de los TLC. El Ministerio de Agricultura anunció en un comunicado que ya elevó la petición de salvaguardia para la leche ante el “Comité Triple A” -Comité de Asuntos Aduaneros, Arancelarios y de Comercio Exterior- entre cuyas funciones está la de “Recomendar al Gobierno Nacional sobre la adopción de medidas de salvaguardia provisional... y recomendar al Consejo Superior de Comercio Exterior sobre la adopción de medidas de salvaguardia definitivas”. En principio, solo se busca restringir las importaciones de lactosueros y leche en polvo del Mercosur, que han crecido hasta en un 500 %, especialmente de Argentina.


Convendría que el Gobierno estudiara también la propuesta que le hace Colanta de declarar la “emergencia lechera”, un marco excepcional que le permita tomar medidas provisionales, como prohibir las importaciones de leche en polvo mientras se consumen las existencias (solo la Cooperativa tiene hoy un inventario de 8.000 toneladas, cuando el promedio anual ha sido de 3.000, y su compromiso social le impide suspender las compras de leche líquida a los productores del campo). También serían de gran ayuda los subsidios al almacenamiento de leche en polvo, leche larga vida y quesos madurados, y compensaciones a las exportaciones de leche en polvo.


El otro cuerno de la problemática consiste en que los productores de leche -o al menos así lo piensan y lo están poniendo en práctica las directivas de Colanta- no pueden cruzarse de brazos a la espera de medidas paliativas del Gobierno a la crisis que los afecta, y deben emprender lo que llaman los expertos una “reingeniería” de su actividad y una diversificación de su “portafolio”, en defensa de su patrimonio y en pro de ser más eficientes y competitivos. Colanta no solo mira con interés la cría y explotación de ganado de carne sino que la propicia con inversiones importantes. Valga el ejemplo del frigorífico de Santa Rosa de Osos, que acaba de recibir la exigente certificación Halal, con la cual podrá exportar carne a países islámicos como Irán o Líbano. También está promoviendo desde hace años el cruce y cría de ganados de carne o “doble propósito”, mediante la importación y distribución de semen de reproductores de razas como la brahman, gyr, simmental o aberdeen-angus, entre otras.


Se trata, como dice con su proverbial desparpajo el doctor Jenaro, de “bailar al son que nos toquen y adaptarnos al momento que está viviendo el mundo”, pero sin dejar de exigir las salvaguardias y el acompañamiento que el Gobierno Nacional, a través de su Ministerio de Agricultura, tendrá que prestar para este proceso de adaptación.