Columnistas

Una sociedad armada
Autor: Rafael Bravo
18 de Enero de 2013


Basta ya de discusiones inútiles de si es oportuno endurecer la legislación sobre el porte de armas en la Unión Americana. Los hechos recientes así lo demandan.

Basta ya de discusiones inútiles de si es oportuno endurecer la legislación sobre el porte de armas en la Unión Americana. Los hechos recientes así lo demandan. Los múltiples atentados y las características de los mismos confirman una tendencia: el uso indiscriminado de armas de asalto por parte de individuos con serios trastornos mentales. Por un lado, los controles para la compra de estos elementos y pertrechos son insuficientes en el mercado primario pues no se verifican suficientemente los antecedentes judiciales de los compradores ni su historia médico-mental. Además, cualquiera puede adquirir armamento de un tercero utilizando el internet, las populares ferias o el mercado negro, sin que nadie se lo impida.


El uso y porte está garantizado constitucionalmente en la Segunda Enmienda desde los comienzos de la adopción de la Carta de los Derechos Humanos como garantía para asegurar la “seguridad del estado” por parte de la Milicia. Eran las épocas de los mosquetones, armas de fuego más cortas que los fusiles que se utilizaban principalmente para la cacería o la defensa personal. Un contraste fatal con las pistolas automáticas, carabinas y fusiles de asalto, un arsenal innecesario que ha dejado una secuela de dolor y segado la vida a cientos de inocentes en los años recientes. Tristemente, los Estados Unidos ostentan uno de los peores índices en homicidios por habitante en el mundo industrializado. Son en promedio 30 muertes violentas al día por armas de fuego.


Luego de la última masacre perpetrada en la escuela de Newtown y no obstante el clamor de un sector de la opinión para que haya más estrictas medidas, el mes de diciembre marco un récord en el número de verificaciones de antecedentes criminales, 2.2 millones o un 58 por ciento superior con respecto al año anterior, es decir un  aumento significativo en el volumen de venta de armas. En particular, rifles de asalto como el AR 15, AK 47, ametralladoras UZI y cartuchos que disparan múltiples  municiones en forma automática en cuestión de décimas de segundo.


La elección del presidente Obama es la excusa esgrimida por una extrema derecha paranoica que absurdamente estimula la adquisición de armas dizque para “defenderse del gobierno”. Resulta lamentable que un pequeño grupo se niegue a aceptar la implantación de controles más estrictos, mientras las dos terceras partes de la población se muestran a favor de los mismos. Peor aún, que no solo los ciudadanos sino los legisladores del congreso norteamericano tengan que someterse a la voluntad  de la Asociación Nacional del Rifle. El poder e influencia de la NRA (por su sigla en inglés) no parece tener límites. Se convirtieron en un apéndice de la macabra industria de las armas.


El paso siguiente consiste en desarmar los espíritus y legislar alejado del lobby de la NRA y los extremistas sobre quienes cae la sombra de un Leviatán que les pretende quitar sus derechos. La Casa Blanca se apresta a presentar al Congreso cambios radicales a las leyes existentes, una tarea bastante difícil e impredecible dada la polarización del tema y la oposición de muchos congresistas del partido republicano en la Cámara de Representantes. Asimismo, de nada sirven los controles y prohibiciones si no se castiga de manera efectiva a los infractores.