Columnistas

Alianza para sumar
Autor: Manuel Manrique Castro
16 de Enero de 2013


La idea de crear una alianza entre las organizaciones que dedican sus esfuerzos a los derechos de niños y niñas tiene poco más de una década y fue producto de la concertación concebida para la elaboración de una propuesta de política pública

La idea de crear una alianza entre las organizaciones que dedican sus esfuerzos a los derechos de niños y niñas tiene poco más de una década y fue producto de la concertación concebida para la elaboración de  una propuesta de política pública de infancia y adolescencia destinada al primer gobierno del presidente Álvaro Uribe.  De hecho lo que inicialmente se le hizo llegar fueron las sugerencias para la política de primera infancia  que, de allí en adelante, tomó aire con los foros internacionales realizados en 2003 y 2005; peldaños que permitieron llegar al punto donde se encuentra hoy con la estrategia nacional De cero a siempre.


Fue en aquellos años en que prosperó el debate  favorable a los derechos de los menores de edad, alimentado por la movilización de gobernadores y alcaldes de todo el país por medio de la iniciativa Hechos y Derechos, en la que Antioquia jugó un papel de primera línea, contribuyendo a crear el escenario propicio que culminó con la aprobación del Código de Infancia y Adolescencia en julio de 2006. 


Era más que lógico, bajo aquellas circunstancias, que las organizaciones de la sociedad civil dedicadas a los derechos de la niñez, sumaran sus esfuerzos y articularan sus estrategias para constituir  la Alianza por la niñez colombiana que aunque con fuerte presencia bogotana debía ser  capaz de juntar a sus pares de todo el país.  De hecho cuanto más remoto el departamento y sus municipios, mayor la exclusión social y menor el avance en la realización de los derechos de niños y niñas por lo que la presencia de instituciones no gubernamentales sólidas e integradas a una red nacional constituía un factor positivo.    En otras palabras, si en Bogotá era importante que las organizaciones de la sociedad civil armonizaran su acción,  tanto más en Nariño, Chocó o Caquetá.


Cuando se creó la Alianza, producto de las circunstancias del momento, el ICBF y el entonces Departamento Administrativo de Bienestar Social de Bogotá, hicieron parte de ella dando lugar a un contrapeso excesivo a su favor, si se considera que los otros integrantes eran entidades civiles o internacionales con una conformación institucional muy diferente. Felizmente esa distorsión fue corregida en su momento.


Transcurridos estos años lo que falta es un genuino movimiento nacional por los derechos de la niñez que integre las representaciones de los 32 departamentos del país, muchas de las cuales están aún por crearse.  No basta con que haya concertación en Bogotá donde seguramente la coordinación es más fluida.  La fuerza de la Alianza depende en gran medida de la existencia de entes sólidos, representativos y con visión estratégica que no sólo aporten en el ámbito territorial donde actúan sino que sumen su voz a ese gran movimiento nacional.  La propia Red Antioqueña de Niñez verá sus posibilidades de acción potenciadas si en el país florecen entes de concertación departamentales con una coordinación nacional efectiva.


Los grandes instrumentos articuladores de la Alianza son dos que están aún por ser aprovechados plenamente: El Código de Infancia y Adolescencia que al cabo de más de seis años de su aprobación aún no ha calado en la consciencia colectiva y, desde luego, los planes de desarrollo de la nación, departamentos y municipios que concentran las líneas directrices para la política pública destinada a niños y niñas.  La Alianza no puede perder de vista que su principal tarea está en la estrategia y no en el exigente día a día que con frecuencia hace perder la visión del destino.