Editorial

El crucial manejo de las basuras
6 de Enero de 2013


No pretendemos que Medellín sea tomado como el modelo perfecto, pero lo cierto es que aquí ha funcionado bastante bien el servicio público a cargo de las EVM.

La recolección y disposición final de la inmensa cantidad de desechos que produce diariamente una ciudad es uno de los problemas más complejos de resolver y la prueba está al canto con el caso de la capital de la República, donde al alcalde Gustavo Petro se le vino el mundo encima con la decisión de quitar su manejo de manos privadas y adoptar un sistema de aseo ciento por ciento público.


Las impactantes imágenes que mostró la televisión, a mediados de diciembre pasado, de una Bogotá inundada de basuras, sirvieron de combustible a los críticos del burgomaestre -a quien de lo mínimo que tachan es de improvisador e irresponsable- para alentar la campaña de revocatoria del mandato, un mecanismo constitucional de castigo a malos administradores que jamás tuvo éxito. Si el señor Petro merece semejante ludibrio es un problema que deben resolver los habitantes de Bogotá, pero en el caso específico del servicio de aseo nosotros creemos que la discusión fundamental no es su carácter público, privado o mixto, pues existen buenas y malas experiencias en todos ellos y, afortunadamente, en Colombia la autonomía municipal permite que, con sano criterio y debida planeación, los alcaldes y los concejos adopten el que les parezca más conveniente.


No pretendemos que Medellín sea tomado como modelo perfecto, pero lo cierto es que aquí ha funcionado bastante bien, en términos generales y superando enormes dificultades y épocas de crisis, el sistema de aseo integral de la ciudad a cargo de Empresas Varias, una de las más queridas entidades del orden municipal, con casi medio siglo de existencia. En manos de sus operarios está el barrido de calles y la recolección de basuras en sectores residenciales, industriales y comerciales, mediante una moderna flota de vehículos, que llevan los residuos compactados al Parque Ambiental La Pradera, en jurisdicción de Donmatías, en el Norte del departamento.


La Pradera fue una solución concebida, planeada, financiada y ejecutada en el 2003, con una expectativa de cien años de vida útil, aun cuando hay expertos que aseguran que sería máximo de 30 años. En todo caso, la lección que aprendimos dirigentes y ciudadanía de Medellín de aquella crisis, es que no podemos confiar todo a una buena disposición final de los residuos sólidos y debemos trabajar con ahínco y sin pausa en la consolidación de la cultura del reciclaje y, lo que llaman los técnicos, la separación de las basuras en la fuente, es decir, en los hogares, en las industrias, en los comercios, etc., porque además del aprovechamiento económico de los residuos, estamos alargando con ello la vida útil del relleno sanitario.


Ana Milena Joya Camacho, secretaria de Medio Ambiente de Medellín, anota que la ciudad produce alrededor de 2.200 toneladas diarias de basura, de las cuales el 30 % es recuperable. Con los programas actuales, los siete centros de acopio, el trabajo coordinado con las 15 cooperativas de recicladores y la cada vez mayor conciencia de los ciudadanos, se está recuperando un 12 % -eso significa que se están descargando 264 toneladas menos cada día en La Pradera-. La meta en este Gobierno es llegar al 15 % en el 2015, aun cuando lo deseable sería llegar algún día al 30 % posible.


Aparte del Plan de Manejo Integral de Residuos Sólidos, que consiste en separar en la fuente cartón, vidrio, plástico, periódico, aluminio, hierro, cobre y residuos orgánicos, que desde 2009 es obligatorio y se cumple bastante bien en unidades residenciales, en Medellín está en marcha desde el 2011 un interesante experimento. Se trata de las composteras, de las cuales hay 40 en funcionamiento en unidades residenciales de Medellín, Bello y Sabaneta y se prevé que en febrero próximo se entreguen otras 140. Allí, de manera organizada y consciente, las gentes depositan sobras de comida que mediante un proceso técnico de compostaje se convierten en abono orgánico, aprovechable por la propia comunidad en jardines, parques y zonas comunes. Son iniciativas que merecen el apoyo entusiasta y la felicitación a quienes las hacen posibles.