Columnistas

En la cruda pobreza
Autor: Abelardo Ospina López
5 de Enero de 2013


Sin embargo los antioqueños ser “inteligentes, creativos, pujantes, amorosos, serviciales, optimistas, divertidos, trabajadores, honestos, emprendedores, apasionados”, cual se repite en tertulias y escritos, viven asediados por carencias

Sin embargo los antioqueños ser “inteligentes, creativos, pujantes, amorosos, serviciales, optimistas, divertidos, trabajadores, honestos, emprendedores, apasionados”, cual se repite en tertulias y escritos, viven asediados por carencias miles y miles de queridos paisanos.


Duele saber que aproximadamente 180.000 familias soportan condiciones de pobreza extrema, es decir, no pueden satisfacer sus necesidades básicas, pues están en pura y franca insolvencia monetaria. Fabuloso, entonces, que hayan empezado a organizarse La Nación, los Departamentos y las administraciones municipales para superar esa deprimente condición de parias hambrientos en veredas, corregimientos y ciudades. Claro que el trabajo en equipo puede resultar eficaz para la lucha que empiezan a librar contra el flagelo aludido. ¿Seremos capaces de acabar con esa clase de miseria, en unos veinte años? Es factible. Demanda consagración en el empeño, sí, pero hay que lograrla.


Esto de que Antioquia se convierta en “región líder” en la tarea de acabar con la indigencia, es bien meritorio y elocuente. De modo que Gobernadores y Alcaldes, con el Presidente a la cabeza, siendo solidarios en las tareas que el fin implica, a no dudarlo, alcanzarán los frutos deseados, para bien de la población toda.


Según la FAO, “un hogar en pobreza extrema, no tiene los ingresos suficientes para lograr los alimentos que garanticen acumulación de calorías”, sin contar lo atinente a salud, vestuario, educación y demás rutinarias exigencias de la vida.


¡Qué horror! Según Planeación Nacional, de los 45 millones 500 habitantes que poblamos a Colombia, 19 millones son pobres e indigentes. O dicho con otras palabras, el 45% de nuestra población “carece de alguna cosa para su entero complemento” y el 12%, “falto de medios para vivir”.


Es evidente la pobreza de muchos colombianos. Quiera Dios que el propósito del Gobierno de acabar con tanta hambre, desnudez y analfabetismo, sea una realidad en los años venideros y no haya cupo para falencia de clase alguna, en ningún recodo patrio. Que los sueños de millones de compatriotas se truequen en realidades palpables y pasemos de casi “pobres vergonzantes”, a usufructuarios de bienes honestos y enaltecedores del quehacer nacional.


(¡Maravilloso que pronto 100.000 familias, las más vulnerables, tendrán su casa para vivir decentemente, que les implicará esfuerzo económico muy  benigno…!)
Que aquello definido por el Diccionario de la Lengua Española como “necesidad, estrechez, carencia de lo necesario para el sustento de la vida, o escaso haber de la gente pobre”, no tenga cabida en ningún sitio habitado por compatriotas nuestros.


Y si llegamos a viejos –parodiando el último terceto del poema del mejicano Vicente Riva-, “tengamos en la vejez horas tan bellas / como tiene la tarde sus celajes, / como tiene la noche sus estrellas”.