Columnistas

‘Hakol Jinunj’
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
5 de Enero de 2013


El periodista y escritor Andrés Oppenheimer, en su libró “Basta de historias”, lleva al lector a un recorrido por diferentes países del orbe, que en los últimos años han realizado verdaderas revoluciones sociales

El periodista y escritor Andrés Oppenheimer, en su libró “Basta de historias”, lleva al lector a un recorrido por diferentes países del orbe, que en los últimos años han realizado verdaderas revoluciones sociales, sacándolos del ostracismo de pertenecer a los países en vía de desarrollo, (conocidos como del tercer mundo) con base en una apuesta certera por la educación primaria, secundaria y universitaria.


Arranca diciendo Oppenheimer, que mientras América Latina está feliz por los bicentenarios de las independencias, poniendo el retrovisor a las heroicas gestas de Bolívar, San Martín, entre otros,  el resto del mundo está mirando hacia el futuro para llevar  sus economías, sistemas políticos y educativos estén insertos cada vez más en la aldea globalizada con base en procesos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), en dónde el verdadero motor del desarrollo económico no está en la producción de artículos científicos por parte de los investigadores universitarios, sino en el número de patentes solicitadas y aprobadas, que surgen de los procesos de interacción entre las universidades y el sector productivo. El estado interviene a través de subsidios a las instituciones educativas del orden superior como becas para que los estudiantes se desplacen al exterior a perfeccionarse e igualmente por  vía de beneficios impositivos a las empresas que trabajen conjuntamente con los investigadores universitarios para sus desarrollos tecnológicos.


En el marco de ese paralelo entre América Latina y los países del primer mundo, Oppenheimer de una manera crítica y sin tapujos llama la atención que nuestro continente requiere de profesionales formados en las diferentes ramas de las denominadas ciencias duras y menos en las ciencias sociales, como son historia, filosofía, sociología, entre otras; porque desafortunadamente, las ciencias sociales poco o nada contribuyen al desarrollo tecnológico de los países y lo que requiere la región es fortalecer los sistemas nacionales de ciencia y tecnología con base en investigaciones aplicadas, que conduzcan a resolver los problemas de desarrollo económico y social.


El premio Nobel Óscar Arias dijo en la cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago en el año 2009: “Mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, sobre todos los “ismos” ¿cuál es el mejor?, si el capitalismo, el socialismo, el comunismo, el liberalismo, el social cristianismo, los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo”.


Y es ese pragmatismo al que Colombia debe recurrir para enfrentar los retos del desarrollo económico, ahora que estamos en franca competencia con el mundo y sus alrededores gracias a la entrada en vigencia de los TLC con actores importantes como son los sobrinos del tío Sam y los europeos. Los denominados commodities (materias primas) no generan riqueza, mientras que los productos con valor agregado si y esa es la única forma de ser competitivos, transformando nuestras materias primas en bienes que estén por fuera del vaivén de los precios fijados por la oferta y demanda internacional. Para ello es necesario tocar las estructuras educativas del país, en mejorar ostensiblemente la calidad de la educación en los niveles precedentes (primaria y secundaria) para que en la educación superior, el tiempo de los docentes no sea dedicado a recuperar el tiempo perdido por las falencias del sistema, sino que realmente se orienten en la formación crítica para la solución de problemas para los que se debe preparar a los estudiantes de la educación superior, en cualquiera de sus niveles.


Para ello, es importante que el diluido movimiento de E x E (empresarios por la educación) que tuvo un protagonismo a principios del siglo vuelva a tener la fuerza apoyado por la sociedad civil y los medios de comunicación para que se cierren filas a través de verdaderas transformaciones de fondo al modelo educativo del país. Que el CUEE (Comité Universidad, Empresa, Estado) se siga replicando en el país, pero con base en una política de Estado.


Pero también las facultades de Educación de las diferentes universidades e igualmente las Normales Superiores, deben implementar el servicio social de educación, consistente en ayudar en extra-clase a los estudiantes de escasos recursos que no tienen forma de costearse un profesor para nivelarlos en las materias en que están débiles y así contribuir a mejorar la calidad de la educación. Otra estrategia sería que en los colegios, con la ayuda de los docentes en una jornada extra, se hagan los refuerzos durante el período normal de clases y no esperar hasta el fin de año como habilitación. Varios países asiáticos tienen financiados por el Estado esos centros de recuperación y nivelación académica.


“Hakol Jinunj” es el movimiento israelí no gubernamental que significa “La Educación es Todo”.