Columnistas

Problema de la paz
Autor: José Maria Bravo
4 de Enero de 2013


En 1860, hace 253 años, Pascual Bravo, quien fuera posteriormente Presidente del Estado Soberano de Antioquia, a la edad de 22, confirmó el pensamiento de sus contemporáneos

En 1860, hace 253 años, Pascual Bravo, quien fuera posteriormente Presidente del Estado Soberano de Antioquia, a la edad de 22, confirmó el pensamiento de sus contemporáneos en el estudio publicado bajo el título: “Ensayo sobre la situación de la república, sus causas y remedios”. Allí trataba, entre otros temas, sobre el problema de la paz, tema de gran actualidad, y manifestaba:


“Llegamos al fin de nuestra obra. La mano se ha cansado y el corazón rebosa de dolor. Escuchamos, pero todo está mudo a nuestro alrededor. Las aves, los vientos y la selva se recogen en un profundo silencio, aguardando la sentencia del destino. Y ¡Ay! no tenemos la espada de Breno, para arrojarla en la balanza en que se pesa hoy la suerte de la patria; pero arrojemos en ella lo que tenemos: ¡Nuestra fe, nuestro patriotismo y nuestra débil voz! ¡Pueda esta hacer reflexionar un poco a nuestros compatriotas!


“Tiempos ha que la sangre granadina corre casi constantemente por el seno de la patria. Tiempos ha que venimos de trastorno en trastorno, de convulsión en convulsión, con el alma desgarrada de dolor, el arma fratricida desnuda en la mano, el denuesto en los labios, la hiel en el corazón, y en nuestra mente la conciencia de nuestra desventura. Este hermoso país acariciado por dos mares; con su seno cuajado de valiosos metales y de preciosas piedras; con su rica vegetación y su fertilidad suficiente para alimentar muchos millones de hombres, ha sido convertido en un cruento campo de batalla y en un inmenso cementerio. El mundo nos llama bárbaros, y ha habido quien ose declararnos indignos de poseer esta patria. I sin embargo aquí vive una raza de hombres gloriosa, inteligente y pujante. De aquí han partido grandes pensamientos, y aquí se han iniciado fecundas revoluciones. Hemos dado a la historia del mundo gloriosas y sublimes páginas, y grandes nombres en la ciencia, en la literatura, en el arte, en la virtud, en el gobierno y en la guerra. El porvenir es nuestro, y nuestro destino en él es sublime. ¿Qué vértigo, pues, se ha apoderado de nosotros? Olvidamos el pasado, hacemos funesto el presente, y no tenemos voluntad para realizar el porvenir.


“La generación que pasa ha gastado deplorablemente su energía en las intrigas, los odios y las guerras de partido. Ella ha hecho, sin duda, grandes cosas por el progreso; pero no está ya en su mano la regeneración del país. Hay dos clases en la sociedad destinadas a esta obra. La juventud que se levanta hoy ajena a los compromisos políticos; y el pueblo trabajador, la gran masa de agricultores, mineros, e industriales. En la primera están el ardor y la iniciativa; en la segunda, el buen sentido y la fuerza. Nosotros pertenecemos a una y otra, y a ellas dirigimos nuestra voz, tal vez intérpretes fieles de sus ideas y sentimientos. Es preciso que la juventud y el pueblo se unan en un propósito patriótico: la existencia pacífica y segura de la nación, y si es posible, la resurrección de Colombia. Es preciso que se unan en una grande obra: el desarrollo de la civilización americana, a cuyo frente está destinada a marchar nuestra patria. Es preciso que se unan en un voto de lealtad: la condenación solemne de la guerra civil, y el descrédito de sus promotores.


¿Pero quién conoce el desenlace de estos sangrientos episodios? ¿Quién sabe si los resplandores de esta hoguera que se enciende, están destinados a iluminar la gloriosa resurrección del fénix, o las ruinas de un pueblo destruido? (…)


“No. Nuestra patria debe regenerarse y vivir, para gloria de la humanidad y asombro de la historia. Esta fe profunda no puede engañarnos. ¡Escuchad! La tierra gime dolorosamente por la boca de sus volcanes, de sus cataratas, de sus selvas, de sus huracanes”.


El pasado nos interroga sobre la permanencia de los problemas del país a lo largo de su historia.