Columnistas

Todo para Billiton
Autor: José Alvear Sanin
3 de Enero de 2013


La historia de Cerromatoso no puede ser más lamentable.

La historia de Cerromatoso no puede ser más lamentable. Ya eran notorios los abusos de los concesionarios cuando en el gobierno de Samper (contrato 051 de 1996) el IFI, contra las advertencias de un competente ingeniero antioqueño que ocupaba allí un alto cargo, concedió inusitadas y torpes gabelas a la Gencor (después de despedir a ese funcionario íntegro que defendía los intereses nacionales).


Luego el control de la concesionaria pasó a la mayor transnacional minera del mundo, la anglo-australiana BHP Billiton, sin tener en cuenta para nada el país.


Desde entonces todo ha sido para Billiton y nada para Colombia.


En el año de 2012, el gobierno hubiera podido negarse a prorrogar el infame contrato 051 de 1996, por razones de conveniencia nacional, en vista de las irrisorias regalías, de la evasión comprobada de $35.000 millones de ellas, del daño ecológico que padece la región por culpa de una explotación sin verdadera licencia ambiental, de la contaminación de las aguas y de las patologías asociadas al mal manejo de la empresa, entre otras.


A partir de la asombrosa resurrección del doctor Mauricio Cárdenas como ministro de Minas se desvanecieron las esperanzas del país y se reanimaron las de Billiton. Se avanzó hacia la prórroga del ignominioso contrato hasta 2029 (y luego hasta 2044, según parece, cuando ya no quede nada distinto al hueco), para lo cual la empresa minera ofreció algunas pichurrias, como aumentar dos puntos las regalías e invertir $18.000 millones en un proyecto de desarrollo regional y $4.400 millones anuales a favor de los cuatro desventurados municipios donde se explota el ferroníquel. Esas sumas son bien exiguas (equivalen a una escuelita por municipio) y no pasan de ser una pobre limosna frente a las utilidades que a su casa matriz reporta una mina de la que ya se han extraído 136 millones de toneladas, pero que aún tiene considerables reservas.


Se dirá que Colombia recibe regalías de Billiton, pero como estas son deducibles en lo referente a impuesto de renta, esa empresa no paga otros impuestos en el país. (Remito al lector al autorizado artículo del profesor Guillermo Maya Muñoz, el 29 de marzo de 2012 en este diario, donde se explica cómo la perversa legislación tributaria permite que el sector minero haya dejado de pagar, por exenciones y evasiones, un valor superior al que pagó por regalías).


El deslucido paso del ministro Rengifo por la cartera del Interior se disimuló con su traslado a la de Minas, con la consiguiente y portentosa exaltación de Cárdenas a Hacienda.


La reciente reforma tributaria debida a ese ministro (repitente en ambos sentidos) no eliminó ninguna de las ochenta y pico perversas exenciones que han desfigurado el sistema tributario, de tal manera que las cargas de los grandes capitales disminuyen mientras los impuestos indirectos y regresivos aumentan.


Los privilegios para las grandes mineras transnacionales se explican por aquello de “to make them happy”.


No prosigo con la horrenda historia anterior, porque debo referirme a otro ministro de la misma cuerda, el de Salud Pública.


El país quedó atónito al conocer la síntesis del pensamiento del doctor Alejandro Gaviria, al frente de esa cartera: “Demandamos más salud de la que podemos pagarnos”, cuando lo que se esperaba era un ministro que con igual laconismo dijese: “Tenemos que erradicar los excesos de intermediación y corrupción que impiden atender debidamente la salud pública, a pesar de los ingentes recursos de que dispone”.