Editorial

Gallup y los mandatarios
22 de Diciembre de 2012


Todavía le quedan poco menos de dos años al presidente Santos para demostrar con hechos contundentes que sí es digno del mandato que obtuvo con la más alta votación de la historia política del país.

Nos alegra como antioqueños que el gobernador Sergio Fajardo y el alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria encabecen la lista de favorabilidad entre los mandatarios regionales del país. Pero así no hayamos votado por él, nos preocupa como liberales y demócratas el pronunciado descenso que ha tenido en los índices de aprobación de los colombianos la gestión del presidente Juan Manuel Santos, quien en octubre de 2010 tenía un envidiable 76 % de opinión favorable de sus gobernados, contra un 14 % desfavorable, y en la última encuesta Gallup, conocida hace dos días, su favorabilidad es apenas del 53 %, en tanto que la opinión negativa es del 39 %.


Por supuesto, no es la hecatombe, pues aún tiene una mayoría que lo apoya e incluso la satisfacción con su manejo de algunos temas, como la economía y la vivienda social, es bastante alta, y todavía le quedan poco menos de dos años al presidente Santos para demostrar con hechos contundentes que sí es digno del mandato que obtuvo con la más alta votación de la historia política del país.


El nivel más bajo de aceptación -según Gallup- lo había tenido el presidente en junio pasado, con el 48 %, pero en agosto recuperó tres puntos y en octubre otros siete para quedar en 58 %. El descenso del último bimestre lo atribuyen los analistas, fundamentalmente, al fallo adverso de la Corte Internacional de Justicia en el litigio con Nicaragua, lo que, si hemos de ser justos, no se compadece con la limitada incidencia que podía tener este Gobierno en el resultado de un diferendo que heredó de sus antecesores. Por el contrario, uno pensaría que el rechazo del despojo de 75.000 kms2 de mar y el anuncio presidencial de que echaría mano -y de hecho lo está haciendo- de todos los recursos legítimos para paliar al máximo sus efectos, debió traducirse en una mejor calificación de los encuestados. No es así. La gente separa su percepción del manejo general de la política exterior, que aprueba en un 67 %, del tema específico del diferendo con Nicaragua, cuyo manejo desaprueba el 67 % de los encuestados. 


En el tema de la paz resulta interesante ver cómo ha madurado la percepción de los colombianos acerca de lo que puede esperarse de un proceso como el que está en marcha. Doce años atrás la euforia en torno al experimento del Caguán era desbordada y las voces críticas éramos minoría. Hoy, si bien el 71 % de los encuestados dice estar de acuerdo con la negociación de La Habana y un 68 % aprobaría hacer lo propio con el Eln, apenas un 43 % piensa que tales diálogos pondrán fin al conflicto. Y mientras las Farc son dignas del rechazo del 94 % de los encuestados y solo registra un 3 % de favorabilidad, las Fuerzas Militares siguen siendo la institución más querida de los colombianos, con el 79 % de opinión favorable.


No debe ser sorpresa para nadie la gran aceptación que hoy tienen de sus gobernados -a la luz de la encuesta Gallup- los doctores Fajardo y Gaviria. El primero arrancó su Gobernación, según la encuesta de febrero, con un 80 % de aprobación; tuvo un bajón de diez puntos en abril, pero se fue recuperando y en la última pesquisa aparece con un 79 %, contra solo un 18 % de desaprobación. Gaviria arrancó gobierno con un 85 % de aprobación, en abril sufrió un bajón de 16 puntos, pero luego de la aprobación en mayo de su Plan de Desarrollo, los programas en marcha y las mejoras notables en seguridad, movilidad, educación y salud, el voto favorable a su gestión ha ido mejorando y se sitúa en un 72 %, contra un 23 % que la desaprueba.


Lo que las cifras reflejan es el reconocimiento de la ciudadanía a un trabajo juicioso, serio y mancomunado de los dos mandatarios y sus equipos de gobierno, con la magnífica contribución del Concejo y la Asamblea en la aprobación de los respectivos Planes de Desarrollo, cuyas líneas fundamentales se inscriben en la Alianza Medellín-Antioquia, AMA. Una experiencia digna de ser emulada en otras regiones del país y que ya fue probada por los mismos dirigentes en el memorable período 2004-2007, durante el cual estuvieron invertidos los papeles.