Palabra y obra

Christmas forever
Navidad por siempre
Autor: Ivn Guzmn Lpez
22 de Diciembre de 2012

Antología del cuento de Navidad


La Navidad es una de las épocas más bellas e inolvidables para gran parte de la humanidad, por ser ella el tiempo en el cual se celebra el nacimiento de Cristo, a más de la siempre presente y hermosa recordación de lo vivido en la infancia. Navidad es, por sobre todo, tiempo de alegría y regocijo, época en  que el rostro de mil millones y medio de cristianos  esplende de calor y de ilusión. La Navidad será siempre un tiempo de mucha cercanía espiritual con Dios; tiempo en el cual hasta el alma más insensible y el corazón más duro se ablanda para recibir a Cristo.


Qué bella es la Navidad cuando en el silencio de la casa  o en la paz del alma, hacemos nuestro mejor balance, y ese balance nos da superávit de alegría, de caritas alegres, como dicen en los jardines escolares. Y qué triste es el balance cuando da negativo; es “como si la resaca de todo lo sufrido  se empozara en el alma”, según escribió con fortuna el gran poeta peruano César Vallejo, en su triste y duro poema “Los heraldos negros”.


La Navidad ha sido (es y será, seguramente) una disculpa puntual y hermosa para escribir historias llenas de encanto y ternura, todas ellas impregnadas, cómo no,  de su claro e iluminador espíritu. Ese espíritu que por más de 2.000 años ha permeado la vida de los hombres, ha dejado su influjo benéfico en el corazón de niños de todas las razas y todos los confines; de sabios, académicos, ignorantes, avaros, ricos, pobres y, especialmente, en el corazón y el intelecto de los grandes escritores que tan sobriamente han inmortalizado la más bella época del año, con cientos de relatos llenos de sensibilidad y de belleza. Para muestra, dos cuentos de Navidad.


 


Navidad por siempre


Todas las tardes, desde que era Navidad, Paquito se asomaba a la ventana para ver los pocos niños que jugaban en la calle. Eran pocos, es cierto, pero parecían felices. Se veían muy pálidos y delgados, como él, es cierto, pero le parecía que eran felices, jugando en la calle.


Pero él no podía salir. Su madre, que abandonaba muy temprano la casa para buscar algo de comer, le había dicho bajo amenaza que no podía dejar solo a su hermanito y advertido que la calle estaba llena de peligros. En esto último su madre tenía razón. Desde hacía cuatro años, cuando nació su hermanito, la violencia se había empecinado con el barrio, y las bandas disparaban a cualquier hora. A sus nueve años, no lograba entender por qué la gente, sobre todo los jóvenes, como su tío, se mataban en la calle y él tenía que permanecer encerrado.


Esa tarde de Navidad se sentía especialmente triste. Afuera los niños parecían felices; pero él se sentía muy triste, como si un dolor profundo y desconocido se hubiera apoderado de su cuerpo y de su corazón de escasos nueve años.


Instintivamente miró su bicicleta, la que le había regalado el tío Eduardo, por la época en que podía subir al barrio. Desde que la violencia atormentaba el barrio, era imposible salir solo a la calle... Y ahí estaba su bicicleta, la que le regaló el tío Eduardo, precisamente en un diciembre.


Acarició la bicicleta, casi nueva por la falta de uso; ya eran cuatro navidades sin ver al tío, por culpa de los que se disputaban el barrio. Sintió que su hermanito dormía. Eran las cuatro de la tarde y no había escuchado ni un solo disparo. Su corazón de infante latió presuroso y algo de color acudió a sus mejillas, antes marchitas por el hambre y el encierro.


Entonces, con decisión insospechada, enderezó la bicicleta, quitó el aldabón de la puerta y salió a la calle. El aire de las cuatro de la tarde le pareció más puro, más libre y más tonificante que el caliente y pesado de adentro. Montó en su bicicleta con algo de prisa.
-¡Paco!
-¡Hola, Paco!
Escuchó que lo saludaron los niños con mucho de asombro.
Primero dio un pedalazo tímido; rodó veinte metros, despacio, torpe, como si en verdad no supiera montar. A poco su cuerpo largucho hizo yunta con la máquina. Y empezó a rodar confiadamente. El viento azotaba su cara; su cabello lacio flameaba en flequillos y su corazoncito pareció ensancharse. Paquito se sintió un niño afortunado, único, libre.
-¡Cuidado, Paco!
Alcanzó a escuchar la advertencia, pero el vértigo de su corazón feliz y la caricia rotunda del viento sobre el rostro, no le permitieron identificar la voz.


Con una habilidad desconocida Paco bajó raudo la estrecha calle, hasta descubrir que ella era una autopista única y feliz. Instintivamente pedaleó con fuerza, sin encontrar resistencia en la cadena, hasta que un golpe seco, brutal, lo lanzó a un costado de la calle.


No entendía lo que pasaba; tan solo vio que su bicicleta estaba destrozada y muchos curiosos trataban de llegar hasta su cuerpo.
Un dolor agudo le obligó a cerrar los ojos.


Lentamente empezó a levantarse. Ya no sentía dolor. Su cuerpo continuaba tendido en el piso en una decidida actitud de abandono. Miró su cuerpo con algo de tristeza y entre la niebla de la conciencia infantil recordó que era Navidad y que atrás sus amiguitos parecían felices, jugando en la estrecha calle.


Como en una imagen de intensa plenitud, comprensible misteriosamente para él en ese instante, se elevó por entre ráfagas de luz y olvido, en brazos de una deliciosa levedad que lo llevó hasta un lugar de plenitud, donde no había ventanucos, ni aldabones, ni puertas, ni calles estrechas y sí muchos niños felices.


Entonces supo que había llegado a un sin tiempo de alegría; que había llegado a una anhelada ¡Navidad por siempre!



Navidad en el arte

Los temas religiosos siempre han tenido una fuerte presencia en todas las manifestaciones del arte. Uno de esos temas más recurrentes ha sido el nacimiento de Cristo.


En la pintura, por ejemplo, en casi todos los periodos de la historia, desde el Medioevo y el Renacimiento, aparecen escenas de esa celebración. Dan cuenta de ello obras tan importantes como “La anunciación”, de Fra Angélico, o una celebre pieza con este mismo nombre de la que es autor Leonardo da Vinci.


Está, también, el tema de la adoración de los pastores, con exponentes como el flamenco Van der Goes o Tintoretto; o la adoración de los magos, de Rubens o Velázquez, o “El nacimiento de Cristo”, de Caravaggio. Así como muchos otros casos.


En el mundo de la música suele ser común interpretar en época de Navidad “El Mesías”, del compositor barroco Georg Friedrich Händel.


Además, existe un gran número de obras que se refieren a la Navidad como una celebración popular, más que religiosa. En el ballet está el famoso caso de “El cascanueces”, de Tchaikovsky.


Igualmente, un gran número de cuentos populares, como “La vendedora de fósforos”, de Hans Christian Andersen; “Un cuento de Navidad”, de Charles Dickens; o “¡Cómo el Grinch robó la Navidad!”, de Theodor Seuss Geisel. El tema también es recogido por escritores de la talla de Guy de Maupassant, Nabokov o Bradbury.


La fecha está tremendamente incrustada en la cultura popular, y es común su presencia en películas de cine y programas de televisión, donde no es solo representada sino parodiada.