Columnistas

¿Rosca o educación?
Autor: Hernán Cárdenas Lince
22 de Diciembre de 2012


Hace muchos años el dicho popular en Medellín era: “Lo malo de la rosca es no estar en ella”.

Hace muchos años el dicho popular en Medellín era: “Lo malo de la rosca es no estar en ella”. Lo más frecuente en nuestro entorno social era que por la tal “rosca” se elegía y se designaba a todas las personas que debían dirigir importantes empresas y compañías que funcionaban en lo que se principiaba a llamar “la ciudad industrial de Colombia”. Otra forma o método para designar altos ejecutivos era por sus apellidos, los que además de señalar una alta posición social indicaban alta riqueza económica, la que se transmitía de generación en generación.


En la actualidad todo ha cambiado; hoy lo que se exige es tener altos grados académicos para poder acceder al control y manejo de grandes compañías, al mismo tiempo que capacitados jóvenes emprenden la creación de buenos y nuevos negocios que requieren altas tecnologías en informática y en los nuevos medios de comunicación.


Sobre lo anotado anteriormente hay que destacar el importante papel de la educación como elemento fundamental para guiar a la sociedad en el campo económico y social. Pero haciendo un balance de la situación terrible que hoy se vive en Colombia que es consecuente al déficit educativo y que ha permitido terribles muestras de violencia, delincuencia y narcotráfico demuestran que todos esos problemas que nos acosan solo se podrán remediar reorientando un nuevo sistema educativo.


En el caso concreto de Medellín y el departamento de Antioquia hay que admirar el gran esfuerzo que se dio con la creación de la llamada Escuela de Minas, ahora llamada Facultad de Minas de la Universidad Nacional, la que concretamente produjo maravillosos ejemplos en personas que por su alta capacitación llevaron a olvidar la triste experiencia de las roscas.


Sobre estos temas es interesante estudiar capítulos históricos que han cambiado la suerte de muchos países como es el caso de que por allá en 1862 el presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln, poco antes de ser asesinado firmó el llamado Morrill Act que hizo posible la creación y la ayuda económica para el nacimiento de múltiples universidades y colegios públicos, lo que al mismo tiempo hizo despegar toda la fuerza y grandeza de los Estados Unidos hasta convertir ese país en una gran potencia mundial.


Otro ejemplo maravilloso que deberíamos copiar en Colombia fue lo que hizo el presidente Franklin Delano Roosevelt quien en 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, firmó el G.I. Bill, esfuerzo de toda la nación para adelantar procesos educativos concretamente para los veteranos de la guerra. Años después en 1956 se pudo hacer un balance que determinaba que la mitad de todos los veteranos se habían beneficiado con una reorientación educativa. Qué bueno que en Colombia se creara una solución educativa para todos los involucrados en nuestro conflicto guerrillero para lo que sería importantísimo que en los diálogos de paz que se adelantan en La Habana, se hablara de “educación”, pues por allí se encuentra el único camino real y práctico para superar el conflicto bélico.


Por último, es necesario anotar la reorientación del sistema educativo y destacar el único y buen ejemplo que están dando el Gobernador de Antioquia y el Alcalde de Medellín, quienes han tenido la oportuna inteligencia de reconocer la importancia que se merece la educación.