Columnistas

Después de los días: Gonzalo…
Autor: Abelardo Ospina López
22 de Diciembre de 2012


Cursamos los años 3º y 4º de Bachillerato en el siempre amado Liceo Juan de Dios Uribe “Indio Uribe” – tribuno y peregrino – de Andes.

Cursamos los años 3º y 4º de Bachillerato en el siempre  amado Liceo Juan de Dios Uribe “Indio Uribe” – tribuno y peregrino – de Andes.  Gonzalo Arango Arias, igual que muchos estudiantes de entonces, era lo que llamábamos “maso”: se le vio para arriba y para abajo con un libro…y le dio “la ventolera” de trasladarse a Medellín para cursar el 5º y el 6º en el Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia. Don Francisco (Don “Paco”), su padre, fue ciudadano de buenas maneras, conservador de cordial talante y como Notario que por aquella época era, amable y bonachón.


Jaime Jaramillo E. (otro poeta nadaísta que se firmaba X-504) fue estudiante amigo de “tiros” duros, mas bien sardónicos, que en el mural del Colegio colgaba quincenalmente. Hasta el nombre era insinuante del cómo trataba lo que se le ocurría y estampaba en “El Alacrán”. Cierto que “picaba” a profesores y resaltaba fallas que él consideraba no “buenas” o recomendables… Es cierto: nosotros andábamos un año adelante del que él trajinaba. El poeta escribía lindos y elocuentes versos, algunos de los cuales publicaba en el mural. Para nosotros, sus partos mientras nadaísta, no tenían el cacumen y calor humanos, que ahora como ex, esto es, fuera del movimiento que murió con “Chalo”.


Nos parece acertado el concepto que Iván de J. Guzmán dejó en su trabajo “Gonzalo Arango, corazón del nadaísmo”, y en este diario el 20/IX/2012: “El Nadaísmo fue un movimiento que pretendió conspirar contra el orden, la estética, la literatura y la estrecha visión del mundo que para los años 60 imperaba en las esferas social, cultural, filosófica, religiosa y hasta económica de Colombia”. “Los Nadas” quisieron combatir la violencia como “poetas geniales, locos y peligrosos”. Un poco locos sí fueron y de peligrosos, no tuvieron un ápice. Gonzalo, en poema que intituló “Mi vida”, dijo muy claro que escribía “por vanidad, por ocio, por libertinaje y, en una razón secreta de mi ser, por masoquismo”.


(Déjesenos contar que fuimos un poco amigos de Inés, atractiva hermana de “Chalo” y de Jaime, valioso profesional que fue de una de las ingenierías cursables en Medellín). No sabemos que hubo o hay de ellos…


De estos recuerdos, tenemos uno que hace referencia a un familiar que trabajaba, tal vez en El Diario o La Defensa, periódicos de circulación citadina, presumimos, por esos años: Luis Ospina Arias, con quien “no hacía buenas migas”. Un tema musical argentino rotulado “Mis harapos”, retrata a Gonzalo. Habla de “un primo” que no saludada, por cierto aire de ricachón que exhibía (lo conocimos personalmente), y los “trasnochos” que se daba en el viejo y ya desaparecido Guayaquil, de bares proletarios y de hetairas baratas. “Medellín… prefería esperar tus mañanas en un bar, o en un parque solitario para que te vomitaras plena de libertad y radiante de sol, sobre mi corazón borracho”. Fue un contradictor de sí mismo. “No todo es hacer, Medellín. También no hacer es creador, pues no sólo de hacer vive el hombre.”


Esto que escribió X-504 sobre  Arango Arias, claro fue:  “Pasó parte de su vida siendo ateo, pero luego retomó asuntos espirituales…”.


Sacros hados lo tengan en “eterno descanso”.


(Hemos traído a cita esta columna, con ocasión de los 69 años de vida del escritor Eduardo Escobar, cofundador del “desaparecido” Nadaísmo).