Columnistas

El desacato y Prometeo
Autor: Hernán Mira
20 de Diciembre de 2012


Dice el ex presidente Álvaro Uribe, a propósito del fallo del Tribunal de La Haya donde se despojó a Colombia de más de setenta mil kilómetros de mar, que se debe rechazar y desacatar ese fallo como una salida decorosa.

Dice el ex presidente Álvaro Uribe, a propósito del fallo del Tribunal de La Haya donde se despojó a Colombia de más de setenta mil kilómetros de mar, que se debe rechazar y desacatar ese fallo como una salida decorosa. El presidente Santos, en buena medida, comparte esa posición de Uribe y así parecen haber encontrado un punto de unión a través del conflicto. Ambos, en medio de la herida y culpabilidad por los errores cometidos, han olvidado la ejemplaridad pública que les obliga como personas que han estado en el más alto cargo del país.


Porque en vez de mostrar que los fallos son para acatarlos -así sea buscando otras vías para modificarlos- y las leyes y normas para cumplirlas, lo que muestran y predican estos personajes es que cuando no nos favorecen hay que rechazarlos y no acatarlos. En un país donde la ilegalidad y el esguince a la ley son como amos y señores, ahora se nos viene a decir que es válido desconocer la ley. ¿Qué ejemplo de ciudadanía es ese? ¿En cuál ética civil y pública pueden caber estas posiciones? Es volver sobre “la ley para los de ruana” y los obligamos a cumplirla, mientras nosotros, los de arriba, la desconocemos.


Esto del desacato recuerda bien el mito de Prometeo. Dice el inolvidable Argos  en el Cursillo de Mitología que eran dos hermanos: Prometeo, que quiere decir previsor, “el que ve antes, el que le sale adelante al venado”. Y Epimeteo, el que ve después, “el que hace lo primero que se le viene a la ‘bezaca’ y después se arrepiente”. Colombia, entonces, actúo como Epimeteo y ahora se niega a admitir las consecuencias.


Pero Prometeo, como Santos y Uribe, es amigo de los desacatos. En el primero: convence a los hombres de que ofrezcan a Zeus una de las dos partes en las que han dividido el buey que le han consagrado. Una tiene la carne y la otra los huesos cubiertos con la piel y la grasa del animal. Zeus elige la última e, irritado por el engaño, castiga a los hombres quitándoles el fuego sagrado (quizás la razón) y los medios de subsistencia.


Prometeo, entonces, comete el segundo desacato: devuelve el fuego sagrado a los hombres. Zeus, en respuesta, castiga a los hombres enviándoles la primera mujer: Pandora (regalo de todos, como la llamó Hermes), acompañada de una tinaja llena de males. A Prometeo le reserva otro castigo mucho peor: estar encadenado a una roca durante cuatrocientos años donde un águila le devorará a diario las entrañas, que renacerán todos los días para que el suplicio no acabe. Finalmente lo liberará Hércules.


Los desacatos insensatos a los que se nos invita desde la más alta dirigencia de este país nos pueden costar bien caros, como un pésimo ejemplo de evadir las sentencias y acatar las normas. ¿Acatamos el semáforo en rojo? ¿Desacatamos los fallos judiciales y violamos la ley? Estos personajes nuestros parecen “sin hígados” en eso de dar mal ejemplo.


Coda. Feliz Navidad y lo mejor para el año que viene para los lectores y el periódico. Esta columna reaparecerá a fines de enero.