Columnistas

Sacar los niños del conflicto armado
Autor: Manuel Manrique Castro
19 de Diciembre de 2012


Está dicho en todos los tonos y de las mil maneras posibles. La indignación y el dolor de miles de familias permanece incrustado en las montañas y planicies de la geografía colombiana

Está dicho en todos los tonos y de las mil maneras posibles.  La indignación y el dolor de miles de familias permanece incrustado en las montañas y planicies de la geografía colombiana, la comunidad internacional condena abiertamente esa práctica y, mientras tanto, los grupos armados siguen reclutando menores de edad pese a que se trata de un delito de lesa humanidad y un atentado masivo a sus derechos humanos. 


Han hecho caso omiso de los argumentos que explican por qué  deberían ser mantenidos fuera del conflicto armado y, reafirmándose en lo contrario, reclutan niños y especialmente adolescentes, truncando en muchos casos sus vidas,  entrenándolos para la violencia y, en el de las niñas, sometiéndolas a abuso sexual y trato indigno y vejatorio.


No es algo que ya pasó y que ahora, con los vientos de diálogo provenientes de Cuba, las Farc hayan decidido hacer a un lado.  No, este reclutamiento forma parte de su estrategia  militar y es incluso, en las circunstancias actuales de duro asedio en su contra, la manera de engrosar sus filas. Confirmando lo dicho, son frecuentes las noticias sobre presiones ejercidas contra familias para que entreguen a sus hijos o de engaños a menores de edad para que se sumen a las guerrillas.


Al clamor ciudadano por el cese del reclutamiento de niños se suman nuevamente las voces de las comunidades indígenas del Cauca que, aprovechando los diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc, exigen el regreso de sus hijos.  En el campo internacional, a inicios de diciembre, cinco países se sumaron a los 100 que ya respaldan el “Compromiso de París” demandando terminar con la incorporación de niños a los conflictos armados y proponiendo el desarrollo de  instrumentos de verificación efectivos. De los 105 países 13 son latinoamericanos y del Caribe, entre ellos Colombia. Por su parte el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene establecido un mecanismo para que periódicamente se le informe sobre asesinatos, mutilaciones y reclutamiento de niños.


Hay pues una sociedad entera que exige la erradicación de esta práctica, acompañada de una comunidad internacional que demanda su fin y, desde luego, las normas de derechos humanos propias de la institucionalidad colombiana que rechazan el uso de menores de edad en las filas de los grupos armados ilegales.


Este escenario de largo y consistente rechazo al uso de niños para la violencia y la guerra, tiene en los diálogos de paz que se llevan a cabo en Cuba una nueva oportunidad para reforzar la exigencia de que la niñez sea mantenida fuera del conflicto armado. Quienes dialogan a nombre de las Farc saben que esta es la realidad actual en el mundo y que  defiendan lo opuesto no tiene más cabida en nuestra realidad de hoy.


Exigir el fin del reclutamiento de niños es fabricar los hilos de un tejido social  incapaz de  convivir con tamaña violencia o de aceptarla porque la rutina y el tiempo acaban haciéndola parte del paisaje.  Si bien es cierto que las primeras víctimas son los niños y sus familias e incluso las comunidades de donde proceden, el dolor nos toca a todos y por ello la posibilidad de que la voz colectiva de rechazo resuene más alto, también se acrecienta.


Traducir los largos años de protesta y reclamo, en renovada exigencia para que  cese el reclutamiento y las Farc devuelvan a los niños que tienen en su poder, es también una manera de añadirle argumentos a los diálogos de paz que, no exentos de dificultades, se están llevando a cabo en La Habana.