Columnistas

Caballo y gato en Navidad
Autor: Anibal Vallejo Rendón
18 de Diciembre de 2012


La Navidad es época triste para los animales. Se les violenta y sacrifica con dolor para diversión de los seres humanos. Se acude a ellos para las celebraciones de fin de año, tanto para el consumo como para el entretenimiento.

La Navidad es época triste para los animales. Se les violenta y sacrifica con dolor para diversión de los seres humanos. Se acude a ellos para las celebraciones de fin de año, tanto para el consumo como para el entretenimiento. Diciembre se anuncia como un tiempo de paz, reconciliación y buena voluntad hacia todos los hombres. Pero ¿qué pasa con los animales? Para millones de ellos, cerdos, gallinas, pavos, conejos, vacas, caballos, tortugas, corderos, significa el final de una vida breve en el tiempo pero prolongada en el sufrimiento. Stephanie Laland en su libro Historias entrañables de altruismo y amor animal recopila una serie de casos de la vida real protagonizadas por animales en distintas regiones donde presenta actos de bondad conmovedores. Entre estas dos versiones con animales cercanos. 


Una chica había salido a dar su primer paseo a caballo por el parque Prospect de Brooklyn. Hacía un día precioso y podría disfrutar del aire fresco entre las colinas y los árboles  y, al mismo tiempo, estar en pleno centro de la ciudad, lo cual resultaba realmente maravilloso. No habiendo montado nunca con anterioridad, la chica estaba un poco nerviosa, pero el caballo parecía muy tranquilo y dócil. De repente unos vagabundos empezaron a tirarle piedras y el caballo, aterrorizado, huyó al galope. La chica sintió cómo el caballo empezó a correr desesperadamente. Ella con su cuerpo tenso y lleno de miedo y adrenalina e invadida por el terror dejó caer las riendas de sus manos. Lo único que podía hacer era agarrarse del cuello del animal mientras gritaba pidiendo ayuda. Un jinete presenció lo que estaba sucediendo e hizo que su caballo se colocara junto al desbocado con la intención de auxiliar a la joven y tratar de sacarla de la silla antes que la arrojara. Entonces se dio cuenta que disminuía su velocidad y pudo ver que su caballo había cogido las riendas de la montura desbocada entre los dientes y tiraba de ella para detenerla. Los dos caballos acabaron deteniéndose el uno al lado del otro. “Aquí yace el cuerpo de mi buen caballo, el General. Durante veinte años cargó conmigo… y en todo ese tiempo nunca dio ni un solo paso en falso. Ojalá su dueño pudiera decir lo mismo…”. Presidente John Tyler.


El gato Bill se quedó en casa mientras su amo se iba de viaje. Pero el hombre quedó gravemente herido en un accidente ferroviario y murió días después en un hospital. Durante el entierro, el hermano del fallecido se quedó asombrado al ver al gato Bill.  Había ido hasta el cementerio, se acercó hasta el ataúd y luego, reflejando su tristeza, volvió a la casa. “Si la religión de un hombre no ayuda a que su perro o su gato vivan un poco mejor, entonces esa religión no me interesa en lo más mínimo”. Abraham Lincoln.