Columnistas

‘Caída Libre’
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
13 de Diciembre de 2012


La lectura de Joseph Stiglitz es nutritiva: ya lo habíamos comprobado con su visión de los sucesos económicos en “Los felices noventa”.

La lectura de Joseph Stiglitz es nutritiva: ya lo habíamos comprobado con su visión de los sucesos económicos en “Los felices noventa”. Allí, con lujo de detalles, y en buena prosa, señalaba la secuencia de hechos que condujo al colosal descalabro de Enron, con sus deletéreas consecuencias sobre la economía norteamericana, especialmente en el estado de California. Unos pocos, con habilidosas maniobras y concentración de poder y de decisiones, amasaron fortunas; otros, muchos, perdieron sus patrimonios. También en un ensayo, quizás algo más pesado y técnico, “El malestar en la globalización”, desde su privilegiada perspectiva de protagonista y observador, critica seriamente visiones y prácticas ideológicas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.


En “Caída Libre”, del 2010,  con el subtítulo “El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial”, se encuentra de nuevo un autor sólidamente informado que asume una actitud de crítica racional y didáctica sobre situaciones de gran envergadura y actualidad, principalmente, en lo que toca a los procesos de colapsos de las burbujas hipotecarias en los Estados Unidos en 2008. El poder inmenso de instituciones bancarias y prestamistas que inducen a los consumidores, poco informados y desprevenidos, a asumir obligaciones que en poco tiempo los desbordarán y que terminarán  –proceso que no ocurre sólo en los Estado Unidos- en la pérdida de sus viviendas y en la generación de graves situaciones sociales de incapacidad de cumplimiento de las deudas hipotecarias. De nuevo, unos pocos amasan ingentes fortunas por la vía de escandalosas comisiones, mientras muchos otros, sin negar su propia responsabilidad, son conducidos habilidosamente a la pérdida de sus patrimonios.


Son señalados algunos puntos por Stiglitz. No se requiere de gran imaginación para tenerlos como referencia para el análisis de realidades que van más allá de lo sucedido en la burbuja inmobiliaria: comportamiento poco escrupuloso de entidades crediticias, sistemas perversos de estímulo para que del conflicto de intereses salga victoriosa la parte fuerte; incentivos perversos e injustos; malos sistemas de calificación de riesgos; equívocas normas de contabilidad que permitieron desastrosas maniobras; gobiernos que orientan sus esfuerzos al rescate de los bancos, no de los ciudadanos; funcionarios bancarios que se enriquecen astronómicamente, dejando a sus instituciones en procesos de consunción… Tampoco deja tranquilo a Adam Smith; ya sabíamos de sus críticas a la “mano invisible” y a sus efectos globales: “En la mayoría de los países la desigualdad aumenta, y la globalización es uno de los factores que ha contribuido a ello”.


“Los mercados fracasaron… sus fracasos han tenido un enorme costo para la economía y la sociedad”. Stiglitz propone la necesidad de regulación, la efectiva operación de mecanismos de control que impidan el abuso cometido por el fuerte contra quien carece de información y toma decisiones sin elementos de juicio suficientes.  “El sector financiero necesita una regulación, pero una regulación efectiva necesita reguladores que crean en ella…”. ¿No son aplicables a nuestra actualidad inmediata estas ideas?