Columnistas

Sin un plan institucional
Autor: Jaime A. Fajardo Landaeta
11 de Diciembre de 2012


Preocupa la ausencia de un plan institucional que permita comprometer al conjunto de las fuerzas sociales, económicas y políticas en los diálogos de paz que protagonizan ahora el Gobierno Nacional y las Farc.

Preocupa la ausencia de un plan institucional que permita comprometer al conjunto de las fuerzas sociales, económicas y políticas en los diálogos de paz que protagonizan ahora el Gobierno Nacional y las Farc.


Una cosa es disponer de mecanismos para recoger la participación de la ciudadanía, y otra el montaje de procesos suficientemente sólidos, para que la sociedad participe –desde los diferentes territorios- con iniciativas que favorezcan los diálogos y las perspectivas de su feliz culminación.


Todos creíamos que con el nombramiento de Lucho Garzón quedarían superadas las deficiencias identificadas en las regiones, al igual que la falta de consulta y de acuerdos con los diferentes estamentos sociales, pero según el mismo ministro – consejero no hay tal, y pareciera que el gobierno carece de norte en este campo.


Hemos advertido que en el proceso con las autodefensas se cometió el error de que gobernadores y alcaldes solo conocieran sus alcances en el umbral de la desmovilización. Esto impidió que ellos, desde los territorios, jugaran un papel más determinante en la negociación. Las consecuencias están a la vista: extraditados los jefes paramilitares, el proceso quedó disperso por el país y los mandos medios, que en últimas son los que controlan la fuerza militar, ingresaron a otras estructuras como bacrim, combos y bandas.


Es necesario que el gobierno diseñe un plan institucional, porque si resulta exitosa la negociación se requerirá de un modelo de reinserción diferente, con énfasis en lo local, que sea de carácter comunitario y esté diferenciado en función de la capacidad y desarrollo de cada frente guerrillero. Si se piensa atender este aspecto después de que avancen las negociaciones, indicaría que se está a la defensiva en materia de paz y reinserción. Debe quedar claro que una retirada de la mesa activaría el plan b, pero con las localidades.


Incluso la atención que ameritan las zonas de influencia de las Farc en los departamentos y grandes ciudades también debe ser diferenciada. No es igual ocuparse del accionar del frente 9, en el oriente antioqueño, que del que ejerce el 36 en el norte y nordeste; similar situación se presenta en el resto del país.


En síntesis, un proceso de esas dimensiones exige respuestas oportunas y claras a las demandas que se hagan sobre el territorio, máxime si sabemos que estructuras ilegales como los Urabeños están prestas a retomar el control que hoy detentan las Farc si dicho plan institucional no está activo.


Nota: Feliz navidad a los amigos lectores de esta columna. Les deseo plenitud en la alegría propia de esta época y que el proceso de paz en marcha llegue a puerto seguro, para que el 2013 sea realmente promisorio para Colombia.